Berlín, 24 mar (dpa) – El antiguo presidente del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) Martin Schulz reconoce sus errores, pero al mismo tiempo se ve como un chivo expiatorio de su partido para todo lo que ha salido mal, según dijo en una entrevista para un libro sobre él de la editorial de la revista alemana “Der Spiegel”.

“Cometí un error tonto y quedé vendido a mis rivales”, comentó el político al escritor Markus Feldenkirchen en un extracto publicado hoy en “Der Spiegel”. “Valoré erróneamente este agujero de credibilidad. Lo valoré de manera completamente errónea”, indicó sobre un error que le costó un puesto en el nuevo Gobierno de la canciller Angela Merkel, así como la jefatura de su partido.

Después de las elecciones alemanas del 24 de septiembre, donde quedó claro que Merkel necesitaría de nuevo un compañero de baile para gobernar, Schulz declaró que nunca formaría parte de un Ejecutivo capitaneado por la mandataria.

Sin embargo, el SPD tuvo que dejar de lado su idea inicial de volver a la oposición tras cuatro años de Gobierno con Merkel y volvió a sentarse en la mesa de negociaciones tras el fracaso de los conservadores para formar una alianza con los liberales y ecologistas.

Cuando se alcanzó finalmente el acuerdo de coalición entre conservadores y el SPD, Schulz anunció su intención de dimitir del cargo de líder del SPD y sus deseo de ser el nuevo ministro de Exteriores de Alemania. Una oleada de críticas internas que lo acusaron de faltar a su palabra obligó a Schulz a dar un paso a un lado.

Para Schulz el punto decisivo fue la decisión del SPD de negociar un Gobierno con los conservadores de Merkel después de fracasar las conversaciones con liberales y ecologistas. “Ahí habría tenido que dimitir. En ese momento debería haberme ido”, comentó el político de 62 años. Sin embargo, entonces pensó que si el presidente federal de Alemania lo convocaba para hablar sobre la formación de Gobierno y la necesidad de hablar con los conservadores, entonces no podía negarse o dimitir. Su disciplina fue su perdición, comentó.

“Fui un líder de partido desafortunado”, reconoció Schulz echando la vista atrás. “Creo que no he fracasado políticamente, pero seguramente en parte me he estrellado contra las estructuras del partido”, comentó. El SPD puede ser despiadado, indicó. “Soy el cabeza de turco ideal para todo lo que ha hecho mal el partido desde hace años”, agregó el que fuera líder del SPD desde marzo de 2017 a febrero de este año.

A su modo de ver, su frase de que no formaría parte de un Gobierno de Merkel se convirtió en una soga alrededor de su cuello cuando fue algo que se dijo justo después de las elecciones en un momento determinado cuando todo el partido estaba en contra de formar una alianza con Merkel. “Ahora todo el partido forma parte del Gobierno, solo el jefe de partido no puede”.

Su amistad con el entonces jefe de la diplomacia alemana Sigmar Gabriel quedó finalmente rota tras la decisión de Schulz de querer asumir como ministro de Exteriores. Gabriel mandó entonces a Schulz un sms: “Lo que hay es que me quieres sacrificar por tu futuro”. Hoy los dos están apartados del Gobierno y ocupan sencillamente un escaño de diputado en el Parlamento.

La dura campaña electoral y las difíciles negociaciones para formar Gobierno que hicieron que Merkel tuviera que esperar más de cinco meses para asumir su puesto como canciller del país europeo dejaron agotado al ex presidente del Parlamento Europeo. “Dios, estoy cansado. Increíblemente cansado”, comentó. “No sé si volveré a estar bien de nuevo. Creo que necesito medio año para volver a tener fuerzas”.

Schulz fue elegido hace un año en un congreso del partido con el cien por cien de los votos de los delegados como nuevo presidente del SPD.

“Toda la cúpula sintió entonces que ese cien por cien suponía una carga más para Martin Schulz, ya que iba unido a unas expectativas que nadie podía cumplir”, declaró en el diario austriaco “Die Presse am Sonntag” la jefa de la fracción parlamentaria del SPD, Andrea Nahles, que será elegida nueva presidenta del partido en el congreso del 22 de abril, en Wiesbaden. Ese día, Nahles no espera un resultado igual, sino un respaldo “sólido”.