Florencia (Italia), 14 feb (dpa) – Hasta hace unos años, Matteo Renzi era uno de los rostros más frescos y exitosos de la política europea. Pero ahora, a puertas de las elecciones generales convocadas el 4 de marzo en Italia, corre el riesgo de ver terminada su carrera política.

Su Partido Democrático (PD), al que Renzi condujo a una victoria histórica al recabar el 40,8 por ciento de los votos en los comicios al Parlamento Europeo de 2014, suma ahora una intención de voto del 23 por ciento, el dato más bajo de su historia, y se teme que pueda caer aún más.

“Renzi está ahora a poco más de 20 puntos y tiene cero posibilidades de ganar más votos para su partido, que es un tren del que todos se están bajando”, dijo el martes el ex primer ministro y líder conservador Silvio Berlusconi en un evento de campaña en Roma.

Renzi tenía 39 años a comienzos de 2014 cuando se convirtió en el primer ministro más joven de Italia desde el dictador fascista Benito Mussolini. Se presentó a sí mismo como un “demolition man” -en referencia al héroe de la película homónima encarnado por Sylvester Stallone- que haría revivir una maltrecha economía e introduciría un cambio generacional en las élites gobernantes.

Ya en el poder, liberalizó el mercado laboral, legalizó las uniones homosexuales y fue testigo de una recuperación económica gradual. Pero su mayor proyecto, una reforma constitucional que podría haberle dado más poder, acabó suponiéndole un duro golpe al ser rechazada en un referéndum en diciembre de 2016 y forzando su dimisión.

Además, contrarió al ala izquierdista de su partido, que se reagrupó en un grupo escindido que le está costando al PD votos clave, al tiempo que perdía apoyo público en la gestión de su Gobierno de la crisis bancaria y migratoria.

“Las cosas que hemos hechos son más que nuestros errores”. “Creo que fue crucial dar una sacudida a mi país: estaría dispuesto a repetir la batalla del reférendum mañana por la mañana, porque habría permitido objetivamente que Italia se convirtiera un país más sencillo”, insistió Renzi al dirigirse el martes a la asociación de la prensa extranjera en Roma, fiel a su reputación de arrogante y fanfarrón.

De cara a las elecciones de marzo, Renzi se presenta a sí mismo y a su partido como la opción más competente, opuesta tanto al populista Movimiento Cinco Estrellas (M5S) como a la alianza de derecha de Berlusconi, que incluye a la xenófoba Liga.

“Tenemos una lista precisa, casi aburrida, de logros y objetivos para el futuro”, insistió, prometiendo “concreción y no los vuelos de la imaginación de gente que habla de cosas imposibles como el centro derecha y el Movimiento Cinco Estrellas”, añadió. Renzi reconoció tener temperamento, pero exigió a los votantes mirar más allá.

“Algunos podrían gustar más que yo, otros menos. Pero cuando (mi hijo va a la escuela) no me pregunto a mí mismo si el conductor de autobús sabe contar un buen chiste; me pregunto si sabe conducir. Y creo que Italia necesita ser conducido hacia adelante”, señaló.

Sin embargo, no está claro que su mensaje cale: la campaña está dominada por llamamientos del ala de la derecha a frenar la inmigración, incentivados por el asesinato de un joven de 18 años en Macerata, en el centro del país, supuestamente a manos de un grupo de traficantes de droga nigerianos.

Incluso en Florencia, un tradicional bastión de la izquierda donde Renzi fue alcalde entre 2009 y 2014 y donde volvió el lunes con el ministro del Interior Marco Minniti, los habitantes parecen desilusionados con su antiguo hombre fuerte.

“El corazón rojo de Italia ya no late”, cree Massimo Giannotti, que trabaja en una cafetería. Se queja de la “enorme masa de migrantes” en el país y le gustaría “prender fuego” a Renzi en la plaza de la catedral de Florencia.

Sus comentarios son extremistas pero su indignación la comparten muchos: el respetado semanario “L’Espresso” preguntó recientemente por qué Renzi se ha convertido “en el hombre más odiado en Italia”.

Renzi insiste en que el PD aún tiene una oportunidad de emerger como la mayor fuerza parlamentaria pero los sondeos de opinión apuntan al Bloque de Belrusconi y al M5S en los dos primeros puestos.

La mayoría de los analistas predicen un parlamento dividido y esperan que tras las elecciones un derrotado Renzi intente forjar una gran coalición con Belusconi. “Para este país, para Europa, creo que sería la solución menos mala”, señalaba la semana pasada el profesor de ciencias políticas Roberto D’Alimonte, de la universidad de LUISS, prediciendo que Italia encontrará la manera de arreglárselas.

Pero si el PD continúa perdiendo apoyo, incluso una eventual coalición podría quedarse corta a la hora de lograr la mayoría necesaria, y Renzi quedaría condenado a la expulsión del liderato de su partido y al olvido político. Probablemente muchos se preguntarían entonces cómo pudieron equivocarse tanto con él.

Alvise Armellini y Lena Klimkeit (dpa)