Regino Hernández, el hombre que no quería ser como los demás

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Pyeongchang (Corea del Sur), 15 feb (dpa) – ¿Ser una oveja más del rebaño? No, Regino Hernández siempre ha querido ser diferente y hoy sin duda lo consiguió.

Ya no se trata de hacer snowboard, llevar una barba de húsar francés o cascos irreverentes, el atleta entró hoy en la historia del deporte español al lograr la tercera medalla para su país en unos Juegos Olímpicos de invierno.

Bronce en la prueba de snowboard cross de Pyeongchang 2018, Hernández cortó además una racha de 26 años sin medallas olímpicas del deporte invernal español.

Los hermanos Francisco y Blanca Fernández Ochoa habían logrado el oro y el bronce respecticamente en los slalom de 1972 y 1992. Pero a partir de hoy, habrá un apellido diferente en el medallero del país.

Y eso es precisamente lo que le gusta a este rider nacido en Ceuta, enclave español en el norte de África, y criado en Mijas, una localidad costera cercana a Málaga donde miles de turistas acuden cada año buscando sol y playa.

Allí, los Hernández abrieron una tienda de deportes extremos e incluyeron el snowboard, la única especialidad que el padre del nuevo medallista olímpico no había practicado. Fanático del deporte, decidió agarrar la tabla y marcharse a Sierra Nevada a probar.

Le gustó tanto que enseguida enganchó también a su mujer, hija e hijo, así que Regino empezó a deslizarse sobre la nieve a los cuatro años y ya no paró más.

“Tiene un talento natural. Se crece con la dificultad. Pero es verdad que, como él mismo ha reconocido alguna vez, no es un gran machaca (trabajador)”, advirtió a dpa el presidente de la Federación Española de Deportes de Invierno, May Peus.

Eso cambió, asegura Hernández, hace ya un par de años, como demuestra que en 2017 lograra junto a Lucas Eguibar el subcampeonato mundial por equipos en Sierra Nevada.

“Me cambió el chip, pensé que era el momento de poner toda la carne en el asador y ver hasta donde era capaz de llegar”, contó Hernández a dpa aún con la bandera española alrededor de los hombros, una enseña que no se quitó prácticamente desde que cruzó la meta.

“Muchos en España tachan a la gente que va con la bandera de facha (fascista), pero no es mi caso, yo soy español, me siento español y estoy orgulloso de serlo”, aseguró.

Hernández es un espíritu libre. Con el pelo largo recogido con una coleta a lo samurai y una singular barba al estilo húsar francés, el rider español es todo carisma.

“No quiero ser una oveja más del rebaño. Me gusta destacar”, aseguró a dpa el medallista, que pasó por el freestyle antes de pasarse a las carreras. De ahí que en su niñez su gran ídolo fuera la gran estrella del half pipe, el estadounidense Shaun White, quien en Pyeongchang se llevó el oro a los 31 años.

Hernández tiene 26 y está convencido de que tampoco ha alcanzado su techo. ¿Sueña con el oro en Pekín 2022? “Ahora tengo en la mente las próximas pruebas de Copa del Mundo, que voy muy bien colocado en el ranking”, advirtió. “Pero nunca digas nunca”.

Por Ignacio Naya (dpa)