(dpa) – En la radio se está decidiendo su vida, pero Rainer Weiss, de seis años, dedica su atención sobre todo a la técnica. Es el 30 de septiembre de 1938, en un hotel en Eslovaquia. Los huéspedes se han congregado alrededor de la radio de madera, entre ellos muchos judíos, como la familia Weiss.

La voz chirreante de la radio habla de un acuerdo con “el señor Hitler”, “the german Führer”, en Múnich. Es el primer ministro británico, Neville Chamberlain, quien habla con euforia de la paz.

Los huéspedes del hotel son menos optimistas. Intuyen lo que va a pasar cuando se cedan más territorios a Hitler. En pocas horas el hotel se vacía. Las familias judías viajan a toda prisa a Praga para solicitar visados. Quieren salir de esta Europa, que se tiñe cada vez más de marrón y se vuelve cada vez más mortal.

La familia Weiss llega a Nueva York en enero de 1939. La fascinación por la técnica nunca abandonaría a Rainer Weiss, que estudió electrotecnia en Estados Unidos. Más tarde investiga, junto con otros científicos, las ondas gravitacionales. Por este trabajo de investigación, Weiss, que hoy tiene 85 años, recibirá mañana el Premio Nobel de Física.

Rainer Weiss no es la única persona que huyó de los nazis y que durante su vida fue galardonado con un Premio Nobel. Tan solo del Reich alemán emigraron más de 20 premios Nobel. La mayoría de ellos eran judíos o eran considerados como tales de acuerdo con las leyes nacionalsocialistas. Otros se habían casado con judías.

Uno de los refugiados fue el químico Gerhard Herzberg, de Hamburgo, quien se casó con una judía, por lo que después de 1933 ya no podía dar clases en la universidad. En 1935, Herzberg huyó con su mujer a Canadá. En 1971 fue distinguido con el Nobel de Física. Actualmente, la mayor distinción canadiense que se otorga a investigadores lleva su nombre.

En 1939, Arno Penzias, de Múnich, fue enviado por sus padres en un “transporte infantil” a Inglaterra junto con su hermano. Los padres lograron más tarde reencontrarse con sus hijos, a diferencia de otros 175.000 judíos, aproximadamente, que vivían en Alemania. Penzias emigró más tarde a Estados Unidos y se hizo físico. En 1978 obtuvo el Premio Nobel por el descubrimiento de la radiación cósmica de fondo.

Del Holocausto escaparon no solo científicos sino también escritoras, entre ellas Nelly Sachs, de Berlín. La joven lírica intentaba desde 1938 conseguir un visado sueco para ella y su madre. En mayo de 1940 recibió el mismo día dos cartas: los documentos migratorios largamente esperados y la orden de registrarse para el “Servicio Social” del Tercer Reich. Sachs logró huir a Suecia en uno de los últimos vuelos posibles. En 1966 fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura. Hasta el momento es la única mujer nacida en Alemania que ha obtenido este galardón.

Los nazis también arremetieron contra la inteligencia judía en otros países. A partir de 1939, el Ejército alemán conquistó una gran parte de Europa. De esas regiones huyó otra decena de personas que habían recibido o que recibirían en el futuro un Premio Nobel.

Entre ellos también se encuentra Josef Rotblat, un joven judío polaco. En 1939, este físico ambicioso obtiene una beca para el Reino Unido. A su mujer Tola, también judía, la quiere traer al Reino Unido cuando reciba un aumento salarial. Justamente cuando ella se dispone a viajar a Londres, sufre una apendicitis. Y estalla la guerra. Tola ya no puede viajar directamente a Inglaterra. Sin embargo, aún hay países neutrales a través de los cuales podría emigrar.

Rotblat recurre a su colega Niels Bohr en Copenhague, quien lo ayuda a solicitar un visado. Sin embargo, cuando recibe los documentos, Dinamarca ya ha sido ocupada por por nazis. Ahora, los Rotblat intentan conseguir un visado para Bélgica a través de una prima que vive en Bruselas. Sin embargo, los nazis conquistan Bélgica en mayo. Finalmente, el 10 de junio, Tola intenta viajar en tren a Italia, pero el convoy no puede ir más allá de Polonia. El mismo día en que abordó el tren, Italia entró en la Segunda Guerra Mundial.

Tola queda atrapada en la Polonia ocupada. En diciembre de 1940, Rotblat recibe una última carta de su mujer, antes de que todo contacto quede interrumpido. Para aliviar su dolor, Rotblat se consagra totalmente a su trabajo. Su talento llama la atención de investigadores nucleares en Estados Unidos, que lo traen a Nuevo México. Están buscando la fórmula para fabricar el arma más potente del mundo: la bomba atómica. Estados Unidos teme que Alemania logre desarrollar el arma nuclear. El propio Rotblat ya llevaba años trabajando en el desarrollo de la bomba.

Cuando queda claro, en 1944, que los nacionalsocialistas finalmente no han podido fabricar ninguna bomba atómica, Rotblat se retira del “Proyecto Manhattan”. Le pareece que ya no tiene sentido construir semejante arma. Cuando Estados Unidos lanza en agosto de 1945 una bomba sobre Hiroshima y otra sobre Nagasaki, Rotblat está profundamente consternado. En octubre de 1945, casi cuatro años después de haber recibido su última carta, Rotblat se entera de la suerte que corrió su mujer: Tola fue deportada en 1942 de la ciudad polaca de Lublin al campo de exterminio de Belzec, donde más tarde fue asesinada.

Rotblat decide comprometerse cada vez más con el movimiento antinuclear y se une a científicos pacifistas como Albert Einstein y Bertrand Russell. En 1995, cuando tiene 87 años, es galardonado con el Nobel de Física. Rotblat muere a la edad de 96 años en Londres. Nunca volvió a casarse.