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Home»Reportajes»Manzanilla: la infusión más clásica de Europa
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Manzanilla: la infusión más clásica de Europa

NBAsturiasBy NBAsturias4 Mins Read

La manzanilla es una de las infusiones más conocidas del continente europeo. Esta pequeña planta de flores blancas y centro amarillo forma parte de la cultura cotidiana desde hace siglos, presente en huertos, mercados y cocinas.

Manzanilla
Foto 123rfcom

Una planta sencilla con larga historia

La manzanilla pertenece a la familia de las asteráceas, el mismo grupo botánico al que pertenecen las margaritas o los girasoles. Su aspecto es fácilmente reconocible: tallos finos, hojas muy divididas y pequeñas flores blancas que rodean un centro amarillo intenso.

Existen varias especies relacionadas, aunque las más conocidas en Europa son Matricaria chamomilla, conocida como manzanilla común o alemana, y Chamaemelum nobile, llamada manzanilla romana. Ambas han sido utilizadas tradicionalmente en infusiones, aunque presentan pequeñas diferencias de aroma y cultivo.

Su origen se sitúa en regiones de Europa y Asia occidental, donde crecía de forma espontánea en praderas, caminos y terrenos abiertos. Con el tiempo, su presencia se extendió por gran parte del mundo gracias al comercio, el cultivo agrícola y la facilidad con la que la planta se adapta a distintos climas.

El nombre “manzanilla” procede del latín chamomilla, que a su vez deriva del griego y significa literalmente “manzana pequeña”, una referencia al ligero aroma afrutado que desprenden sus flores.

Desde la antigüedad, esta planta aparece mencionada en tradiciones agrícolas y en la vida doméstica. Durante siglos fue habitual recolectarla en primavera y verano para secar sus flores y conservarlas durante todo el año.

Cultivo, recolección y presencia en la cocina

Una de las razones por las que la manzanilla se ha extendido tanto es su cultivo sencillo. Se trata de una planta anual que crece con facilidad en suelos ligeros y bien drenados, especialmente en zonas soleadas.

Las semillas suelen sembrarse a finales del invierno o comienzos de la primavera. En pocas semanas aparecen los primeros tallos, que pueden alcanzar entre 20 y 40 centímetros de altura. La floración se produce generalmente entre finales de primavera y mediados del verano.

La parte más apreciada de la planta son las flores, que se recolectan cuando están completamente abiertas. Tradicionalmente se cortan a mano y se dejan secar en lugares ventilados y protegidos del sol directo. Una vez secas, se conservan en recipientes herméticos para preservar su aroma.

En muchos pueblos europeos, especialmente en zonas rurales, era común ver ramos de manzanilla secándose en cocinas o despensas durante los meses cálidos.

El uso más extendido de la manzanilla es la preparación de infusiones. Las flores secas se añaden al agua caliente, liberando un aroma suave y ligeramente dulce que ha hecho de esta bebida una presencia habitual después de las comidas.

Más allá de la taza, la manzanilla también aparece en algunos contextos culinarios y gastronómicos. Su aroma delicado se utiliza ocasionalmente para perfumar postres, jarabes o bebidas, y en ciertos lugares se incorpora a mezclas de hierbas aromáticas.

En jardinería, además, la planta se cultiva como especie ornamental y aromática. Sus pequeñas flores recuerdan a diminutas margaritas y aportan un aspecto silvestre a los jardines. Por esa razón es frecuente encontrarla en huertos domésticos y jardines de estilo naturalista.

En algunas regiones agrícolas también se ha sembrado junto a otras plantas como parte de los llamados huertos tradicionales, donde conviven distintas especies aromáticas.

Un símbolo cotidiano de la cultura doméstica

A diferencia de otras plantas más raras o exóticas, la manzanilla se ha mantenido durante siglos como una presencia cercana y familiar.

Su popularidad se explica en parte por su disponibilidad. Crece con facilidad, se seca sin dificultad y puede almacenarse durante largos periodos. Esto la convirtió en una de las infusiones más comunes en hogares europeos antes incluso de que bebidas como el café o el té se popularizaran.

También ha tenido un papel importante en mercados y herboristerías tradicionales, donde las flores secas se vendían a granel. En muchos lugares todavía se pueden encontrar puestos donde se ofrecen mezclas de hierbas aromáticas en las que la manzanilla ocupa un lugar destacado.

El aroma suave de sus flores ha inspirado además distintos usos culturales: desde saquitos aromáticos hasta mezclas utilizadas para perfumar textiles o ambientes domésticos.

Hoy la manzanilla sigue siendo una de las infusiones más consumidas en muchos países. Puede encontrarse en supermercados, tiendas especializadas o en pequeñas producciones agrícolas.

A pesar de su apariencia discreta, esta planta demuestra cómo una especie sencilla puede convertirse en parte estable de la vida cotidiana, la gastronomía y la tradición agrícola de numerosas regiones.

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