París, 8 feb (dpa) – La disputa que desde hace semanas irrita la capital francesa parece no tener fin. Cada vez más voces del mundo de la cultura se manifiestan en contra de la gigantesca escultura de Jeff Koons, un colorido ramo de tulipanes con el que el artista estadounidense pretende homenajear a las víctimas de los atentados en Francia.

El debate llegó hasta tal punto que la ministra francesa de Cultura, Françoise Nyssen, tuvo que acudir en ayuda de Koons, que quiere regalar la escultura a la ciudad. Primero, Nyssen recibió al artista en el ministerio y, más tarde, afirmó en una entrevista que, junto a los representantes de la cultura, encontrarían una solución para hacer justicia al simbólico gesto de Koons.

Mientras tanto, desde el sur del país, Montpellier ha tendido la mano al artista: el alcalde de la ciudad, Saurel Philippe, se mostró dispuesto a acoger la escultura, que mide más de 11 metros de altura y pesa unas 30 toneladas. Si en París no están dispuestos a aceptar el maravilloso regalo de Koons, Montpellier lo albergaría encantada, escribió en su cuenta de Twitter.

La escultura de acero y bronce, que representa una mano con un ramo de tulipanes similar al adquirido por el Museo Guggenheim de Bilbao, es un gesto de amistad entre el pueblo estadounidense y el francés, anunció Koons el pasado noviembre en París. Según la alcaldesa de la ciudad, Anne Hidalgo, la obra de arte simboliza la “irrefutable alianza entre París y Estados Unidos”.

Sin embargo, son muchas las voces que no lo ven así, y desde hace semanas proliferan las protestas, peticiones en contra e indignadas columnas en los medios de comunicación. Hace unos días, la Maison des Artistes (casa de los artistas) emprendió incluso un sondeo. Los detractores de la obra no sólo critican su estética, sino el lugar donde está previsto instalar la escultura.

Y es que Koons, de 66 años, ha elegido para ello una concurrida plaza entre dos museos de arte moderno y contemporáneo situada en el turístico distrito 16 de la capital. Un lugar que no tiene nada que ver con los atentados de París, argumentan sus detractores. Y es que al obcecarse en esta plaza entre el Palais de Tokyo y el Musée d’Art moderne de la Ville de París, Koons se hace más bien un regalo a sí mismo.

Los atentados terroristas que sacudieron París el 13 de noviembre de 2015, dejando 130 muertos y más de 350 heridos, tuvieron lugar en la sala de conciertos Bataclan y en el estadio de fútbol Stade de France, entre otros. Pero ninguno de estos espacios se sitúa cerca del lugar elegido por Koons, el artista contemporáneo más caro del mundo. Por eso, muchos ven en el regalo una estrategia comercial.

Así lo afirma entre otros el ex ministro de Cultura Frédéric Mitterrand: Koons se ha convertido en símbolo de un arte industrial, del espectáculo y especulativo, y su atelier y sus marchantes en empresas multinacionales del lujo, escribe en una columna. No en vano, el artista no corre con los costes de fabricación, estimados en unos tres millones de euros, sino que los financian coleccionistas y mecenas estadounidenses.

Entre ellos figura François Pinault, un rico empresario e importante coleccionista galo que posee varios museos y numerosas obras del artista. La escultura, cuya instalación está prevista para esta primavera (boreal), se elaborará en Alemania. Y mientras tanto, Koons sigue sin manifestarse sobre la polémica, aunque tampoco parece que quiera renunciar a instalarla en la plaza.

La ministra francesa de Cultura se encuentra por tanto en una delicada encrucijada. Por el momento, nadie sabe cuál será la solución que planteará, pero la influyente asociación de galeristas franceses (CPGA) ha dejado claro en un comunicado que está en contra de instalar la escultura en cualquier lugar cercano a una institución artística.

Por Sabine Glaubitz (dpa)