domingo, julio 25, 2021
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Israel planea la expulsión de 40.000 migrantes africanos

Tel Aviv, 19 feb (dpa) – Teklit Michael lo tiene claro: antes de permitir que lo expulsen de Israel, el refugiado eritreo prefiere ir a la cárcel. «Si tengo que ir a la cárcel, me darán de comer, no es tan malo», dice el joven larguirucho de pelo alborotado de 29 años en el centro de Tel Aviv. «Mi plan es quedarme y no irme a Uganda o Ruanda».

Michael es uno de los hasta 40.000 inmigrantes africanos a los que el Gobierno israelí amenaza con la cárcel o la expulsión a un tercer país africano a partir del mes de abril. Según algunos medios, el Gobierno ya ha cerrado acuerdos con Uganda y Ruanda para hacerlo. La mayoría de los afectados son refugiados de Eritrea y el resto de Sudán, pero Israel no hace repatriacones a esos países.

Teklit Michael llegó a Israel en 2007, huyendo del servicio militar ilimitado de su país que la ONU equipara a la «esclavitud». Ha trabajado en Israel limpiando y cocinando, pagó impuestos y alquiló una vivienda, asegura.

Pero hasta 2013 el Gobierno israelí no permitió que los eritreos presentaran una solicitud de asilo. Y Michael no ha recibido respuesta alguna hasta hoy. «Mi situación está en el aire», asegura. Todos los meses tiene que solicitar una nueva visa de trabajo y apenas recibe ayuda del Estado.

Desde comienzos de enero, las autoridades migratorias conminaron a los «intrusos» eritreos y sudaneses a marcharse voluntariamente, ofreciendo unos 2.800 euros y un billete de avión a quien decidiera dejar el país antes de finales de marzo, se explica en la página web. De no hacerlo, amenazaba con consecuencias: en febrero empezaron a repartir avisos de expulsión a hombres solteros sin hijos que querían prolongar su permiso de residencia.

A comienzos de enero, el primer ministro Benjamin Netanyahu escribía en Facebook: «El Gobierno ha aprobado hoy un plan de acción que da dos opciones a los intrusos: un billete de avión o la cárcel».

Y es que Ruanda y Uganda ya han dicho que están dispuestos a aceptar refugiados, pero sólo a los que lleguen voluntariamente. Olivier Nduhungirehe, del Ministerio de Exteriores de Ruanda, escribió en Twitter: «Ruanda nunca acogerá a un migrante africano que sea expulsado contra su voluntad».

Dror Sadot, portavoz de la Línea de Ayuda para Migrantes y Refugiados, ha vuelto a calificar a Uganda y Ruanda como países no seguros para los expulsados, en base a lo que cuentan los afectados. Algunos intentaron después huir de nuevo a Europa desde esos países. «Naturalmente que Israel puede acoger a 40.000 personas, son menos del 0,5 por ciento de la población», señala Sadot.

Pero en la coalición de Gobierno hay voces que temen por el carácter judío del Estado de Israel. Los eritreos son sobre todo cristianos y los sudaneses musulmanes. «Es una responsabilidad judía expulsar a los intrusos», dijo el ministro del Interior, Arie Deri.

Sin embargo, en los últimos meses también se alzaron voces contra los planes de Israel: supervivientes del Holocausto apelan al Gobierno a que reaccione con humanidad apelando a la historia de su propio pueblo.

Los rabinos se mostraron incluso dispuestos a ocultar a los refugiados, como alguien hizo con Anna Frank cuando era una niña en tiempos de la Alemania Nazi.

Y Tamar Sandberg, diputada del partido liberal de izquierda Merez, llegó a insultar al Gobierno en muy duros términos: «Ustedes son amigos de los nazis».

Hasta que Israel construyó una valla en la frontera con Egipto, unos 60.000 migrantes africanos llegaron al país judío. De ellos, 20.000 ya han sido expulsados. Israel considera a los africanos inmigrantes ilegales y sólo concede asilo en casos muy raros. Ya en 2015, las autoridades amenazaron a los migrantes con enviarlos a prisión si no se marchaban del país.

Israel ya aparta a los inmigrantes que viven solos en el controvertido campo de internamiento de Cholot, en el desierto de Negev. Pero Tribunal Supremo de Israel decidió en 2017 que los migrantes no podían ser retenidos allí por tiempo indefinido sólo porque no quisieran salir del país.

A Teklit Michael le exigieron en varias ocasiones que se presentara en Cholot, pero pudo evitarlo por motivos de salud. Además, Israel quiere cerrar el campo de internamiento en el marco de sus planes de deportación.

Teklit Michael soñaba con ser corredor en Eritrea, cuando el Ejército lo llamó a filas. Las distancias de 400 metros y hasta los diez kilómetros eran su especialidad. «Mi vida cambió totalmente, de un atleta con perspectivas me convertí en soldado forzado», contó. «Dejé el país porque vi que no tenía ninguna oportunidad para tener una vida», cuenta. Y ahora no quiere volver a empezar de cero.

Por Stefanie Järkel (dpa)

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