La vida es tiempo, y el tiempo algunas veces va acompañado de las prisas, pero hay pequeños gestos diarios, más allá de los socialmente correctos, que nos aportan ese toque que nos hacen humanos, únicos, personas de verdad, y no va de moral, va de realidades.

Cuando vamos al supermercado, todo el mundo parece tener mucha prisa, lo vemos y lo sentimos, la cola en la caja se aprieta, agobia, te hace que la compra sea más que una experiencia o un trabajo, y la paradoja es que pagas por lo que llevas.
Escena en algunos supermercados
No hay que generalizar, pero en algunos supermercados, el cajero o cajera, algunas veces, te da las bolsas, sí, esas que parece que no quieren abrir cuando notas el empuje de la cola y las caras de los que te miran con ese silencioso “venga, que tengo prisa”; y el trabajador o trabajadora lo pasa todo por la caja en modo como si no hubiera un mañana, en vez de pensar, vamos a ir a un ritmo razonable, ¿razón y motivo real? En cuestión de un par de minutos, debes pagar, colocar todo en la bolsa, dar tu tarjeta del súper, y correr para que otro repita esa operación, es una realidad que cada día viven millones de personas.
Luego, la buena fe, el voy a ser educado, ves a una persona con aparente prisa, lleva algo en la mano y le dices: ¿Desea pasar?, y llega la sorpresa, sales por la puerta y está hablando con la vecina, la amiga o con otra persona; ¿Y su prisa? ¿Y tu tiempo? No es que hayas perdido un año de tu vida, pero todos esos segundos o minutos ya no van a volver, y, multiplicado por una gran variedad de colecciones de momentos diferentes, te han restado tiempo útil de vida, esos minutos que quizás ya nunca más tendrás para pasear, escuchar música, hablar con un familiar o sentarte en un banco para sentir el sol o la brisa.
Gestos que son impuestos
Primeramente, señalar que esto no va de buena o mala educación, va de lógica y sentido común, cuando una persona mayor se sube a un bus, se le suele ceder el sitio, por educación, pero ojo, no todas las personas mayores necesitan ese gesto, y hay gente joven o de otras edades que sí lo necesitan; esa persona mayor puede subir al bus, sentarse y luego ir a baile de salón, puede ser… o quizás no; y la otra persona, quizás ha estado trabajando en una obra, comercio, oficina o tenga problemas de espalda, y ha cedido el sitio por educación impuesta. No hay que irse a los extremos, lo lógico es: persona con mala movilidad o que percibas que necesita ayuda, le cedes el sitio, persona mayor, piensa en los matices.
Otro gesto que se hace viral en redes y muchos sitios, un niño y un adulto desean una camiseta de fútbol, ¿por qué si la coge el adulto o joven y no el niño es mal visto y publicado y señalado en redes?
Quizás ese adulto lleva yendo muchos años al campo y por fin tiene una camiseta del equipo de su vida, quizás ese adulto la ha cogido para un familiar enfermo que no ha podido ir al campo, y quizás ese adulto la ha cogido porque el deportista no se la entregó en la mano al niño. Diferente sería entregar una camiseta a una persona y que la otra se la quite de las manos, eso sí está mal.
No me toca juzgar comportamientos ni a personas, y nadie está libre de no haber cometido uno o cien errores en su vida, pero, algunas veces, es bueno recordar, pensar, escribir en voz alta lo que vemos cada día, y luego dejar que cada persona haga su valoración personal.