Berlín, 19 feb (dpa) – «Retablo», la ópera prima del cineasta peruano Álvaro Delgado-Aparicio, acerca al público de la Berlinale una complicada relación paternofilial de una familia de retablistas en un remoto pueblo en los Andes peruanos.

En los alrededores de Ayacucho, Segundo, un niño de 14 años interpretado por Junior Béjar, está aprendiendo el oficio de su padre, un famoso maestro retablista. Sin embargo, tendrá que afrontar la realidad de su padre y de una sociedad tradicional que no duda en enfrentarse a su progenitor al descubrirlo con otro hombre.

«Lo que me llamaba mucho la atención era la relación padre-hijo y cómo a veces idealizamos a un padre o a una madre y depositamos en ellos todas estas maravillas que nos estamos imaginando, pero nuestro mundo se viene abajo cuando de repente nos damos cuenta que no son como nos imaginábamos», explica a dpa con motivo del estreno hoy en la sección Generation del Festival Internacional de Cine de Berlín.

«La pregunta que siempre me hacía es qué haces en ese momento. Cómo contienes eso», relata el director sobre una pregunta que quiso llevar a una sociedad más tradicional.

Para el director, esta desilusión es parte de la maduración. «Todos cuando crecemos pasamos por cosas muy complicadas. Para mí es un proceso bien interesante, porque ahí es donde uno se da cuenta de su propia voz. Lo complejo cuando uno crece es encontrar su propia voz y su propio punto de vista», explica sobre el film que cuenta con la conocida actriz peruana Magaly Solier («La teta asustada») en el papel de madre de Segundo.

El niño tendrá que lidiar primero con una realidad que desconocía de su padre -interpretado por Amiel Cayo- y luego con el rechazo de los que antes consideraba sus amigos.

«En términos generales lo que siempre me llamó la atención es el conflicto entre lo tradicional y la modernidad. Qué difícil es que convivan estos dos mundos», indica sobre el rechazo a la homosexualidad del padre.

En el film de 100 minutos, el espectador asiste en un primer momento al proceso de creación de un retablo -cajas rectangulares con figuras en su interior que recrean todo tipo de escenas-, cómo el retablista debe atrapar en su memoria hasta los más mínimos detalles para después recrearlo en su obra.

Segundo debe aprender este oficio de su padre. «Ser retablista es algo que tiene que ser heredado. El padre transmite sus conocimientos y los hijos cargan con un peso de responsabilidad para continuar con el legado familiar», declara sobre un oficio que ya recogió en un corto anterior.

El equipo de la película estableció su base en Ayacucho, pero la mayoría de las escenas se rodaron a unas dos horas de la ciudad, en las montañas. Para ello, contaron con ayuda de la gente de la zona y con el permiso de la asamblea de la comunidad en un proceso de preparación que se extendió a lo largo de ocho meses.

Lo más complejo del rodaje, que duró cinco semanas y media, en 2016, fue hacerlo en quechua, un idioma desconocido para el director, pero para lo que contó con la inestimable ayuda de los tres protagonistas, cuya lengua materna es el quechua.

Su decisión de hacerlo en un idioma que no habla surgió posteriormente. En un inicio iba a ser en español, pero en los ensayos se dieron cuenta de que era más auténtico hacerlo en quechua. «Creo que fue la mejor decisión que tomé».

«Al final mezclamos los dos idiomas. También ahora mismo si vas a Ayacucho lo que encuentras es un quechuañol, algo así como spanglish», cuenta.

Junto con el idioma, otro de los puntos más complicados fue la búsqueda del actor que debería dar vida a Segundo y sobre el que recae todo el peso de la película. Tras un casting de 650 chicos, finalmente dieron con Junior Béjar. «Es un chico con una intuición increíble (…) Tenía una gran habilidad para transmitir cosas solo con sus ojos».

La revelación del secreto oculto del padre también hace tambalear el mundo de la madre, que aunque en un papel secundario toma un mayor protagonismo tras descubrir esa realidad de su esposo.

«Queríamos un personaje de una mujer fuerte en Ayacucho, no un personaje de una mujer débil o que simplemente sigue a su esposo. Queríamos que tuviera su punto de vista, que tuviera una voz y tomara decisiones buenas o malas. Es un personaje atípico», explica.

La cinta llega a Berlín tras pasar por el Festival de Lima, donde ganó el premio de mejor película peruana. Delgado-Aparicio está expectante por ver cómo será el recibimiento en Alemania.

«Es una historia de amor, una historia de amor de la forma más pura entre un papá y un hijo y lo complejo que es a veces aceptar a alguien a quien tú idealizas», indica. «Es una historia muy universal, muy humana que podría ocurrir en cualquier esquina de cualquier país del mundo».

Por Almudena de Cabo (dpa)