Pocos juegos de azar han calado tan profundamente en la cultura popular como la lotería. Cada año, millones de personas en todo el mundo compran boletos con la esperanza de que la suerte les sonría y cambie sus vidas de la noche a la mañana. En España, el Sorteo de Navidad se ha convertido en una tradición tan arraigada que trasciende el simple juego: es un fenómeno social, un ritual colectivo que marca el inicio de las fiestas. Sin embargo, pocos saben que el origen de la lotería se remonta a miles de años atrás y que ha recorrido un largo camino desde las antiguas civilizaciones hasta convertirse en lo que conocemos hoy.

La historia de la lotería comienza en la antigua China, durante la dinastía Han, alrededor del año 200 antes de Cristo. Existe evidencia de un juego llamado «Keno» que funcionaba mediante la selección de caracteres chinos. Los jugadores elegían una serie de caracteres de un conjunto más amplio, y posteriormente se realizaba un sorteo para determinar los ganadores. Este juego no solo servía como entretenimiento, sino que tenía un propósito recaudatorio: los fondos obtenidos ayudaban a financiar grandes proyectos estatales, incluida, según algunas fuentes, la construcción de la Gran Muralla China.
De Roma a Europa
Los romanos también conocieron formas primitivas de lotería. Durante las Saturnales, las fiestas en honor al dios Saturno, los emperadores organizaban sorteos en los que repartían premios entre los asistentes. Estos premios podían ser desde objetos valiosos hasta esclavos. Aunque no se trataba de una lotería en el sentido moderno, con venta de boletos y premios en metálico, sí estableció el principio del sorteo aleatorio como forma de distribuir bienes.
La lotería tal como la entendemos hoy, con venta pública de boletos y premios en dinero, surgió en Europa durante el siglo XV. Los Países Bajos fueron pioneros en este sentido. En 1434, la ciudad de Sluis organizó una lotería para recaudar fondos destinados a fortificar las murallas de la ciudad. Otras ciudades flamencas siguieron el ejemplo, y pronto las loterías se convirtieron en una herramienta habitual para financiar obras públicas, hospitales, escuelas e infraestructuras.
En Italia, las loterías también ganaron popularidad durante el Renacimiento. Génova desarrolló un sistema de lotería basado en la elección de nombres de miembros del consejo de la ciudad, que posteriormente evolucionó hacia un sistema numérico más parecido al actual. Este modelo genovés se extendió por toda Europa y sentó las bases de muchas loterías nacionales que surgirían en los siglos posteriores.
La lotería llega a España
España adoptó la lotería en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III. En 1763 se celebró el primer sorteo de la Lotería Primitiva, inspirada en el modelo napolitano. El juego consistía en extraer cinco números de un total de noventa, y los premios se repartían entre quienes acertaban dos, tres, cuatro o los cinco números. La Lotería Primitiva tuvo éxito inmediato y se convirtió en una fuente importante de ingresos para la Corona.
Sin embargo, el sorteo que realmente marcó la historia de la lotería en España fue el de Navidad, cuyo primer sorteo se celebró en 1812, en plena Guerra de la Independencia. Las Cortes de Cádiz, necesitadas de fondos para financiar la resistencia contra las tropas napoleónicas, establecieron la Lotería Moderna, que incluía un sorteo especial en diciembre. Este sorteo navideño fue ganando peso con los años hasta convertirse en el evento que conocemos hoy.
El Sorteo de Navidad español es único en el mundo por varios motivos. En lugar de concentrar el premio en un solo boleto ganador, distribuye cientos de premios de diferentes cuantías, lo que aumenta las probabilidades de que muchas personas resulten agraciadas. Además, la tradición de comprar décimos compartidos, ya sea en familia, entre amigos o compañeros de trabajo, ha convertido el sorteo en una experiencia colectiva que refuerza vínculos sociales.
La lotería como fenómeno social
Más allá del simple juego de azar, la lotería se ha convertido en un fenómeno cultural con profundas raíces sociales. En España, el 22 de diciembre no es solo el día del sorteo: es una fecha marcada en el calendario, un momento de reunión, expectación y esperanza compartida. Las administraciones de lotería se convierten en centros de peregrinación, algunas adquieren fama por haber repartido premios gordos en ediciones anteriores, y los vendedores ambulantes recorren calles y plazas ofreciendo la ilusión envuelta en un trozo de papel.
La lotería también ha dado lugar a supersticiones y rituales. Hay quienes juegan siempre el mismo número, otros confían en administraciones concretas, algunos buscan números capicúa o terminaciones específicas. La psicología detrás de la lotería es compleja: combina la esperanza de un cambio radical de vida con la aceptación de que las probabilidades de ganar son ínfimas. Aun así, millones de personas participan año tras año, porque comprar un boleto de lotería no es solo apostar dinero, es comprar una ilusión, aunque sea breve.
Loterías en el mundo
Cada país ha desarrollado su propia versión de la lotería. En Estados Unidos, los sorteos Powerball y Mega Millions ofrecen botes acumulados que pueden alcanzar cifras estratosféricas, creando frenesíes mediáticos cuando el premio supera los cientos de millones de dólares. En Italia, el SuperEnalotto funciona con un sistema similar. En el Reino Unido, la National Lottery financia proyectos culturales, deportivos y benéficos con parte de sus ingresos.
Algunos países han utilizado la lotería como herramienta de política social. En ciertos casos, los beneficios obtenidos se destinan exclusivamente a educación, sanidad o infraestructuras. La lotería, así, adquiere una dimensión que va más allá del entretenimiento: se convierte en un mecanismo redistributivo donde quienes participan contribuyen indirectamente al bien común, aunque la mayoría no resulten premiados.
Críticas y controversias
La lotería no está exenta de críticas. Algunos expertos señalan que funciona como un «impuesto voluntario» que afecta desproporcionadamente a las personas con menos recursos, quienes estadísticamente gastan un porcentaje mayor de sus ingresos en juegos de azar. La esperanza de un premio millonario puede llevar a algunas personas a gastar más de lo que deberían, alimentando una ilusión que rara vez se cumple.
Sin embargo, la lotería sigue siendo una de las formas de juego más aceptadas socialmente, precisamente porque se percibe como inofensiva, ocasional y ligada a tradiciones culturales. No genera la misma preocupación que otros juegos de azar más adictivos, y para la mayoría de participantes se trata de un gasto puntual asociado a fechas señaladas.
Desde las antiguas loterías chinas destinadas a financiar murallas hasta el Sorteo de Navidad español que paraliza el país cada 22 de diciembre, la lotería ha evolucionado y se ha adaptado a cada época y cultura. Lo que comenzó como una herramienta recaudatoria se ha convertido en un fenómeno social que combina tradición, esperanza y el eterno deseo humano de creer que, algún día, la suerte puede cambiar.