(dpa) – Rod Laver, la leyenda de 79 años, saca el móvil para captar el momento. El duro Ivan Ljubicic, su entrenador, mira con los ojos vidriosos, al igual que su padre Robert y su esposa Mirka. Abajo, en mitad de la pista, Roger Federer rompe a llorar como un niño. Llora como si fuera un novato ganando su primer Grand Slam. Pero no es el primero, ni el segundo ni el octavo, sino el vigésimo.

No es la primera vez que Federer llora en el Abierto de Australia. Lo hizo ya el año pasado cuando venció a Rafael Nadal en la final. También en la definición del 2009 ante el español, aunque entonces por impotencia. “Esto me está matando”, fue la frase del suizo que quedó como testimonio del complejo que sentía cada vez que enfrentaba a Nadal.

Aquella historia quedó ya sepultada después de un 2017 en el que Federer ganó sus cuatro encuentros ante el español. Pero las lágrimas australianas continúan.

“Ustedes, chicos, llenan los estadios, me hacen sentir nervioso, me hacen entrenar. Quiero agradecerles por todo”, dijo Federer antes de perder el hilo de su discurso y estallar en llanto. Él, que tantas veces había estado en esta situación, que ganó 20 finales de Grand Slam y perdió otras diez, no podía contener las lágrimas que le brotaban sin parar después de su victoria ante el croata Marin Cilic.

“Durante el partido estuve pensando todo el tiempo sobre la posibilidad de llegar a los 20. Estaba nervioso todo el día”, explicó a la televisión suiza tras el encuentro. “Pensaba en qué sucedería si perdía, si ganaba. Por eso es que me quebré durante el discurso”.

La imagen, que dará la vuelta al mundo, también conmovió al ambiente tenístico. “Nadie me hace llorar como Roger Federer, nadie. No hay nadie como él”, escribió Chris Evert en Twitter, mientras en las redes sociales mitos como Martina Navratilova o Billie Jean King lo proclamaban como el GOAT (Greatest of All Time – El más grande de todos los tiempos).

Y una estadística que pronto se hizo viral le daba sustento a tal afirmación. El Abierto de Australia del 2018 fue el Grand Slam 200 de la Era Abierta del tenis (desde 1968) y Federer ha ganado 20 de esos torneos. Es decir, el diez por ciento.

Tras el llanto, Federer pudo dar rienda suelta a la alegría y comenzó una larga peregrinación por Melbourne Park con el trofeo entre sus brazos. Una llamada del presidente suizo, Alain Berset, un regalo de la presidenta de la Federación Australiana de Tenis, Jayne Hrdlicka, una nueva entrevista llena de risas con Jim Courier, el ingreso al otro estadio principal, el Margaret Court, para saludar a los cientos de aficionados que un par de horas después del partido todavía se agolpaban para verlo…

En el medio de la vorágine, Federer se detuvo un instante ante un cartel de Steffi Graf y le dio un cariñoso toque. La alemana, con sus 22 Grand Slams, es la siguiente en la lista del suizo.

Por Tomás Rudich