Ciudad de México, 24 mar (dpa) – Poco después del terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México, el argentino Diego Fonseca visitó la capital mexicana. Además del atípico silencio sepulcral, le impactó la introspección que percibió en los mexicanos, entre ellos muchos autores que ahora recrean esa vivencia en un libro que él editó.

El escritor y periodista, que se enteró en Barcelona de la tragedia causante de unas 370 muertes, vivió seis años en Ciudad de México, adonde viaja constantemente, tiene muchas amistades y a la cual describe como una ciudad con “desorganización y esquizofrenia organizada”.

Fue por ello que la catástrofe no le fue ajena, como dijo a dpa, luego de presentar esta semana el libro recopilatorio “Tiembla” (Editorial Almadía) en la capital mexicana.

“Por haber pasado por el sicoanalista sé que la mejor forma de pasar los traumas es la conversación. Hay que ponerle palabras al silencio, o humor para romperlo y superarlo”, afirmó el autor de “Crecer a golpes: Crónicas y ensayos a 40 años de Allende y Pinochet”.

Fonseca eligió 35 escritores representativos de la multiplicidad de sitios afectados por el 19-S, como Puebla, Morelos y Ciudad de México, pero también de Chiapas y Oaxaca, dos estados pobres y seriamente afectados en un sismo previo casi a la medianoche del 7 de septiembre.

“Tiembla” no solo incluye relatos de mexicanos como Juan Villoro, Marcela Turati, Cristina Rivera Garza, Verónica Gerber Bicecci y Lydia Cacho, sino que también hay narraciones hechas por cubanos, estadounidenses o españoles.

La razón, dijo el compilador, es que “un terremoto no pide pasaporte para matar, no pide personas, ni sexo, no pide que seas hombre, mujer o gay. No te pregunta si eres un adulto mayor, si pasaste la mayoría de edad o si eres un niño. Te mata sin hacer ningún tipo de preguntas”.

Cada texto es una perspectiva distinta de lo que Fonseca llama “el gran terremoto de la chingada (del demonio)”, usando un mexicanismo. Incluso la portada, que es una intervención hecha por el artista Francisco Toledo a un grabado de un terremoto de José Guadalupe Posada, creador de la calavera La Catrina.

“Hay algo que une al mexicano más que sus alegrías: sus desgracias. Ningún éxito deportivo, mucho menos cinematográfico o literario, moviliza tanta gente. Nada más terminar de temblar la Tierra, una legión de voluntarios y espontáneos tomaron las calles para ayudar con lo que fuera”, describe Jacobo García, periodista del diario “El País”, de España, en México, en su texto “El suelo que pisamos”, integrado en la antología.

A seis meses de aquella terrible sacudida de magnitud 7,1, que en la capital dejó 228 muertos y el resto en otras partes del país, miles de personas siguen sin techo.

Por eso los ingresos por las ventas de “Tiembla” serán donados a Oaxaca, uno de los estados más pobres de México y uno de los más castigados por el sismo previo de 8,2 del 7 de septiembre, que causó un centenar de muertos.

Tal como entonces las redes sociales han jugado un papel fundamental en la difusión de este libro, pues Fonseca aseguró que los autores promueven, mientras los lectores replican fragmentos y a partir de esos textos empiezan a contar sus propias historias.

“Si internet y las redes sociales sirvieron en su momento para organizar la anarquía el 19 de septiembre, hoy están ayudando a compartir las emociones que dan pie a la catarsis, a resolver el duelo”, dice Fonseca.

Por Itzel Zúñiga (dpa)