(dpa) – El periodista Deniz Yücel se ha convertido en un símbolo de la crisis en las relaciones entre Alemania y Turquía. Desde hace más de once meses, el corresponsal del diario alemán «Die Welt» está preso en una cárcel turca.

En una entrevista con dpa hecha por escrito a través de sus abogados, el periodista germano-turco enfatiza que no quiere conseguir la libertad gracias a «tratos sucios» y cuenta qué es lo primero que le gustaría hacer en caso de poder dejar la cárcel.

dpa: Señor Yücel, lleva más de once meses tras las rejas. ¿Cómo se encuentra?

Yücel: Muy bien, gracias. Hace un año y medio me ocupaba del caso (del preso) Ilhan Comak. Leía las actas de su juicio, visité a su familia en Izmir y escribí sobre su historia en mi periódico, «Die Welt». En ese momento Ilhan llevaba en prisión desde hacía 22 años, en base a una acusación rebuscada y sin una sentencia firme. En este tiempo, ha sido condenado a cadena perpetua y hace poco publicó su sexto volumen de poemas.

La historia y el presente de este país están repletos de este tipo de ejemplos. No quiero minimizar la injusticia que me ha ocurrido. Cada día que me roban es valioso. Sin embargo, tampoco quiero hacer como si yo fuera el principal perjudicado de esta justicia política.

dpa: Se ha levantado su incomunicación. ¿Qué ha supuesto eso para su día a día?

Yücel: Debo contradecirlo. La incomunicación, que es un método de tortura, no ha sido levantada, sino sólo suavizada ligeramente. Antes del estado de excepción, los prisioneros podían practicar deporte juntos, asistir a cursos de formación o reunirse con otros presos de su elección durante varias horas a la semana para hablar. Estos derechos siguen suspendidos.

Por lo demás, naturalmente es mejor tener a una persona para hablar que no tener a nadie. Desayuno con el colega Oguz Ursluer, un periodista de televisión, y hacemos nuestras rondas en un patio cubierto de alambrada. Por otro lado, hay algo que ha empeorado: Sólo puedo hablar con mi esposa Dilek, en el mejor de los casos, una hora al mes sin que haya un cristal de separación. Antes sólo éramos observados desde fuera, desde hace poco hay un funcionario sentado en la sala.

dpa: En sus textos ha dejado claro en numerosas ocasiones que lo más doloroso es la separación de su mujer Dilek Mayatürk-Yücel. ¿Aparte de Dilek, qué es lo que más echa de menos en prisión?

Yücel: Justicia.

dpa: ¿Tiene miedo de caer en el olvido? ¿Cómo de importante es para usted la solidaridad procedente de Alemania?

Yücel: Este tipo de pensamientos los tenía al principio. Por ello estoy muy agradecido a todos aquellos que me han quitado esa preocupación. A todos los que, ya sea en Alemania, en Turquía o en cualquier otro lugar y sin importar de qué manera, interceden por mí y mis colegas turcos encarcelados. A mi diario, «Die Welt», a la editorial Axel Springer, al círculo de amigos #FreeDeniz y a los colegas de otras redacciones que no me han olvidado.

Y estoy especialmente agradecido con las muchas personas que me escriben, aún cuando sólo me entregan pocas cartas. Así que si quieren escribirme aunque sea un par de líneas lo mejor es hacerlo a schreibdeniz@weltn24.de. «Die Welt» se encarga de traducir las cartas al turco para que las perspectivas de que me lleguen finalmente también a mí sean mucho mayores.

dpa: Antes de que se le abra un juicio debería ser primero presentado un escrito de acusación en su contra. ¿Se explica por qué en su caso aún no hay una acusación?

Yücel: O la Fiscalía me ha olvidado o no ha recibido aún la orden correspondiente.

dpa: El Gobierno turco se remite en su caso, como en el de otros periodistas detenidos, a la Justicia. ¿Cree en su independencia?

Yücel: (…) Es una mentira que en mi caso y en el de muchos colegas turcos el Gobierno turco sólo sea un interesado observador. Dejando al margen los prejuicios públicos de boca de la cúpula del Estado y las demás probables formas de interferencia: el Ministerio de Justicia, en las declaraciones remitidas en las pasadas semanas al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y al Tribunal Constitucional turco, se ha sumado a las acusaciones en mi contra que recoge la orden de detención. El Gobierno no es un espectador, sino que es parte, de manera completamente oficial.

dpa: El Gobierno turco aspira a una normalización de las relaciones con Alemania. El ministro de Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu, visitó hace poco a su par alemán, Sigmar Gabriel, en Goslar. ¿Qué opina sobre estos esfuerzos?

Yücel: Ah, sí, ¿lo hace? ¿O es que empieza a darse cuenta de que no puede permitirse enemistarse con todo el mundo a la vez? ¿Y con quién aspira a tener mejores relaciones, con el Gobierno alemán o con el capital alemán? Una tertulia en Goslar no puede hacer olvidar que este régimen es antioccidental en dos sentidos. En el sentido de que constantemente responsabiliza a Occidente por todos los conflictos y problemas en el país. Y en el sentido de que desprecia todo lo que normalmente se entiende por «valores occidentales»: separación de poderes, libertad de prensa y opinión, división de Estado y religión, autodeterminación sexual, derechos laborales, etc.

dpa: En el marco de estos esfuerzos por distender las relaciones, ¿espera salir pronto de la cárcel?

Yücel: Cuando a mediados de septiembre el colega Loup Bureau salió libre tras semanas en una prisión turca, los medios franceses informaron de que los dos Gobiernos habían llegado a un acuerdo: la puesta en libertad del periodista a cambio de que el Gobierno de (Emmanuel) Macron aprobara un negocio armamentístico relacionado con un sistema de defensa aérea.

Hasta lo que yo sé, estas informaciones nunca fueron desmentidas. Y a principios de enero Macron y Erdogan firmaron precisamente un acuerdo para este tipo de armamento. Macron aprovechó la ocasión para endosarle a su anfitrión unas cuantas toneladas de carne de vaca y dos docenas de aviones Airbus. Quizá se pueda hacer así.

Sin embargo, en lo que a mí respecta, no quiero que mi libertad quede manchada por negocios con tanques de Rheinmetall o las actividades de algún otro tipo de compañero de armas, y tampoco por la entrega de ex fiscales gulenistas o ex oficiales golpistas. Es decir, antiguos cómplices de Erdogan a los que en mi opinión se les debería realmente hacer un juicio -naturalmente justo-, en lugar de ofrecerles asilo político. En resumen: No cuenten conmigo para tratos sucios.

dpa: ¿Qué es lo primero que haría en caso de ser puesto en libertad?

Yücel: Abrazar a Dilek. Abrazar a Dilek una vez más. Abrazar a todos los demás que hayan venido a recogerme. Encender un cigarrillo. Respirar hondo.

dpa: ¿Querría volver a trabajar como periodista en Turquía una vez en libertad o preferiría regresar a Alemania?

Yücel: (…) Aquí tengo un trabajo, pero naturalmente debo ver cómo continúa esta historia y hablar todo con calma con Dilek y mi periódico. En todo caso no tiene por qué ser para siempre Turquía. En algún momento en el futuro podría también imaginarme como corresponsal en Rusia. Igualmente tentador: Arabia Saudí, Venezuela o Sajonia.

SOBRE DENIZ YÜCEL: Oriundo de la localidad alemana de Flörsheim, próxima a Fráncfort, el periodista turco-alemán de 44 años trabajó para el «Tageszeitung» en Berlín antes de convertirse, en la primavera de 2015, en corresponsal de «Die Welt» en Turquía. El 14 de febrero de 2017 fue detenido en Estambul y el 27 de febrero encarcelado, acusado de «propaganda terrorista» y de «agitación popular». Desde entonces se encuentra en la prisión de Silivri, donde el 12 de abril se casó con Dilek Mayatürk. El presidente Recep Tayyip Erdogan lo acusó de ser «un agente alemán» y un terrorista