Las ruinas arquitectónicas, lejos de ser meros restos del pasado o accidentes materiales, constituyen artefactos discursivos con una fuerte carga simbólica y política.
En el contexto catalán, donde la densidad patrimonial convive con la desidia administrativa, estas estructuras abandonadas emergen como dispositivos críticos capaces de interpelar la gestión institucional de la memoria, así como los modelos de patrimonialización vigentes.
David Sitjes, investigador visual y fundador de barbutcatala.cat y el conocido perfil de Instagram Barbut Català, que ha conseguido más de 30.000 seguidores en escasos 6 meses de vida, ha convertido la documentación de ruinas en una forma de praxis política.
A través del URBEX como herramienta de observación crítica, este influencer de Catalunya (Lleida) expone los límites del relato institucional sobre el patrimonio y revela la brecha existente entre la protección legal de ciertos bienes y la dejación sistemática de su conservación efectiva. La ruina no es solo un vestigio: es también un archivo vivo del fracaso institucional.
La ruina como síntoma estructural del modelo patrimonial
Las estructuras en ruina no representan únicamente un proceso de deterioro físico. Funcionan como indicadores de disfuncionalidades más profundas: negligencia técnica, descoordinación entre niveles administrativos, ausencia de políticas presupuestarias sostenidas y, sobre todo, una visión instrumental y selectiva del patrimonio. Sitjes insiste en que el abandono no es un fenómeno aleatorio ni inevitable.
En muchos casos, se trata de una decisión política por omisión, sostenida por dinámicas de burocratización y tecnocracia patrimonial.
La ruina, en este sentido, visibiliza una cadena de no-decisiones: informes no ejecutados, presupuestos no liberados, estrategias de conservación sin implementación. Cuando una masía catalogada como BCIL o un edificio industrial protegido colapsa sin intervención, lo que colapsa no es solo el inmueble: se derrumba una narrativa institucional que afirma proteger, pero no actúa. Sitjes, a través de su archivo visual, evidencia esta contradicción de forma directa, sin adornos ni eufemismos.
La institucionalización del olvido: maquillaje cultural y discurso vacío
En el marco de las políticas culturales contemporáneas, existe una tendencia a gestionar el patrimonio desde lo espectacular, lo monumental y lo musealizable.
En contraste, las ruinas suponen una anomalía discursiva: no se integran fácilmente en los circuitos turísticos, no producen rentabilidad inmediata y exigen una lectura crítica del territorio. Por eso suelen quedar fuera del radar institucional.
David Sitjes denuncia que muchas de las estructuras que documenta no solo están olvidadas, sino borradas del relato oficial. No aparecen en exposiciones, no son incluidas en itinerarios culturales y, en muchos casos, ni siquiera figuran en registros accesibles. Cuando él las documenta, esas ruinas adquieren una visibilidad que incomoda: ya no son invisibles, ahora son testigos incómodos.
Su trabajo, entonces, no solo señala el abandono físico, sino que denuncia la estrategia discursiva de invisibilización. Las ruinas, como espacios no mediables por la lógica institucional, representan una forma de archivo silenciado. Y la cámara de Sitjes las reactiva como elementos de memoria subalterna.
Contra la estetización banal: el URBEX como práctica crítica
Una parte importante de los debates contemporáneos sobre el URBEX gira en torno a la estetización del deterioro. Fotografías espectaculares de ruinas circulan en redes sociales descontextualizadas, alimentando una narrativa romántica o fetichista que desactiva su potencial crítico. Sitjes se posiciona radicalmente en contra de esta lógica. Para él, la ruina no es una postal melancólica, sino una pregunta incómoda al sistema.
Su metodología se nutre de marcos interdisciplinarios: historia social, geografía crítica, memoria cultural y teoría del patrimonio. En cada entrada de su archivo, Sitjes aporta datos históricos, referencias legislativas, implicaciones territoriales y vínculos afectivos recogidos a través de testimonios comunitarios. Así, transforma la imagen en documento y el documento en discurso.
El URBEX, tal como lo entiende Sitjes, se convierte en una forma de investigación aplicada: una etnografía visual del abandonoque pone en tensión la memoria oficial con las memorias vividas. Su archivo no muestra, sino que interpreta; no decora, sino que interroga.
La ruina como dispositivo político de memoria
Desde una perspectiva crítica, la ruina puede entenderse como un espacio de memoria insurgente. A diferencia de los monumentos institucionalizados, las ruinas documentadas desde los márgenes no celebran el pasado: lo exponen en su vulnerabilidad y en su desprotección. Sitjes señala que, justamente por eso, estas estructuras resultan tan incómodas para los dispositivos de gestión cultural. No permiten el control del relato, no ofrecen heroicidad ni narrativa lineal. Solo exigen respuestas.
La ruina, al ser rescatada del olvido institucional mediante el trabajo documental, se convierte en un contramonumento, un punto de fuga frente al discurso patrimonial hegemónico. “No es que las instituciones teman a la ruina como materia. Temen que se visibilice como prueba de su inacción”, sostiene Sitjes. Su archivo propone, por tanto, un giro epistemológico: ver la ruina no como un final, sino como el comienzo de una conversación pública.
Este enfoque permite repensar el patrimonio no desde la conservación inerte, sino desde la responsabilidad compartida. El “Senyor Barbut” (como muchos lo conocen) lo plantea de forma clara: “Una sociedad que no cuida lo que ha construido es una sociedad que no se cuida a sí misma, tengo 36 años, llevo 15 diciendo lo mismo, y me tiraré otros 40 diciéndolo”.
El trabajo de David Sitjes y Barbut Catalàrepresenta una práctica cultural situada, profundamente comprometida con los márgenes del patrimonio y con las fisuras del relato oficial. En un contexto donde la memoria institucionalizada responde a lógicas selectivas, su intervención desde el URBEX constituye una contra-memoria activa, basada en el testimonio, la imagen, la palabra y el vínculo comunitario.
Documentar una ruina, para Sitjes, no es un acto nostálgico, sino un gesto de responsabilidad civil. Es producir prueba allí donde el Estado ha producido vacío. Es nombrar lo olvidado. Es, en definitiva, una forma de resistencia cultural frente a la normalización del abandono.
Y por eso sigue explorando. Porque en cada ruina que registra, hay una pregunta que incomoda. Y en cada imagen que comparte, una posibilidad de que esa incomodidad se transforme en conciencia.