Buenos Aires/La Rioja, 13 feb (dpa) – Emanuel Garay quería ser policía como su padre. Con 18 años se inscribió en la Escuela de Policía de la provincia de La Rioja pero la ilusión le costó la vida y su caso puso en jaque la formación de las fuerzas de seguridad en Argentina.

El joven y sus compañeros fueron sometidos a una primera jornada de entrenamiento bajo condiciones extremas de exigencia y calor, en la que le prohibieron hidratarse. Garay colapsó y tras seis días de agonía, murió. Otros once cadetes de policía fueron hospitalizados y uno de ellos, Luis Oropel, de 25 años, se encuentra en grave estado con un cuadro de deshidratación aguda e insuficiencia renal.

“Le practicaron sesiones de tortura ya que eso no fue un entrenamiento, los maltrataron, les pegaron, les dijeron barbaridades, a mi hermano lo mataron en su primer día de formación”, afirmó Roque Garay. “Lo sacaron de la Escuela de Policía en coma, casi no respiraba después de que le aplicaron el famoso ‘baile’, sinónimo de tortura”, agregó.

Los 83 ingresantes fueron obligados a realizar duros ejercicios físicos en una cancha de baloncesto conocida como “La sartén” por las altas temperaturas que levantan los mosaicos del piso y donde, según dicen, se podría freir un huevo. El entrenamiento fue ordenado por instructores y cadetes de segundo y tercer año de instrucción hacían cumplir sus indicaciones, entre ellas la prohibición de tomar agua.

Un joven cadete, Hernán Maya, reconoció al salir del hospital que el entrenamiento “no tenía que llegar a ese punto”. “Nos negaron el agua, pero era todo para formarnos psicológicamente, yo tomé agua de una pileta (piscina) que se usa para natación que tenía el fondo verde”, relató hoy al canal Todo Noticias.

Los relatos de los sometimientos estremecieron a la opinión pública. Beatriz, madre de Jacqueline Chumbita, narró a TN que a su hija de 19 años “la arrastraron, le pegaron, le rompieron el bolso”. “La llevaron para atrás de la escuela de cadetes, a un lugar donde había piedras calientes, echaban agua hirviendo y tenía que poner puños y manos. Al que no lo hacía, le pegaban”, denunció.

El jefe de la Policía de La Rioja, Luis Páez, y el secretario provincial de Seguridad, Luis Angulo, fueron desplazados de sus cargos. Ocho oficiales de la Policía que tenían a su cargo la escuela fueron imputados por la Justicia y detenidos.

Los “bailes” o “milongas” son casi una tradición en las fuerzas de seguridad de Argentina.

“No es la primera vez que esto pasa, temo que no será la última. Es una práctica instituida en lo que entiende la Policía de cómo tiene que ser una escuela policial. Una escuela sin ‘milonga’ o ‘baile’ no es una escuela: hay una ligazón muy fuerte acerca de cómo se adquiere la docilidad y el respeto de estos estudiantes que luego van a ser policías”, señaló a dpa Mariana Sirimarco, doctora en antroplogía e investigadora.

La autora de “De civil a policía: una etnografía del proceso de incorporación a la institución policial” subrayó en ese sentido que estas prácticas se dan con mayor intensidad en las primeras semanas de instrucción con dos objetivos: ser un filtro y convertirse en “el pasaje entre la vida civil y aprender otras maneras de comportarse, otras jerarquías, otros valores, otras autoridades que tiene que ver con lo policial”.

“El respeto a las jerarquías, la dureza, la templaza, todo lo que tiene que ver con estos valores se adquiere a partir de prácticas y rutinas que tienen que ver con esta especie de doblegamiento, sometimiento, docilidad de los cuerpos”, advirtió.

Más allá del accionar de la Justicia en la investigación por la muerte de Emanuel Garay y la hospitalización de sus compañeros, el caso empieza a tener consecuencias más amplias. El Gobierno de La Rioja analiza aplicar una reforma profunda y que la escuela deje de depender directamente de la Policía.

El jefe de la Policía Federal Argentina (PFA), el comisario general Néstor Roncaglia, puso en tanto un límite en los métodos de formación de sus agentes.

“La instrucción policial es intensa ya que es una cuestión de supervivencia. Hay una exigencia física, pero no privarlos de los derechos del hombre, como un vaso de agua. Es un extremo y no estoy de acuerdo”, subrayó Roncaglia.

En 1994, el soldado Omar Carrasco fue asesinado a golpes en un cuartel militar de la sureña provincia de Neuquén, en un caso que sacudió al país y precipitó el fin del servicio militar obligatorio que realizaban los varones a los 18 años en la Argentina.

Las prácticas extremas que le costaron la vida a Garay en La Rioja “hacen a cómo entendemos en Argentina y quizás otros lugares de América Latina lo que es la función policial”, apuntó Sirimarco. “Nunca hay un relato de un acercamiento a la sociedad, siempre es la guerra contra el crimen, el narcotráfico, el delincuente. Es como se construye discursivamente el policía”, sostuvo la investigadora.

Por Cecilia Caminos (dpa)