Lima, 23 mar (dpa) – Martín Vizcarra, que asumió hoy la presidencia de Perú, donde diversos sectores no quieren ya saber nada de una clase política en la que reinan la corrupción, la agresividad y la ineficacia, era hasta hace poco desconocido para cerca de un 80 por ciento de sus compatriotas.

“Estoy aquí atendiendo la responsabilidad que tenemos todos con nuestro país. Fe y optimismo, el Perú siempre puede salir adelante”, dijo en la madrugada de hoy al llegar a Lima procedente de Canadá, donde se desempeñó como embajador en los últimos meses.

Al ex ministro de Transporte y ex gobernador del departamento de Moquegua le tocó, un día después de que cumpliera 55 años, asumir la difícil tarea de reemplazar hasta 2021 al mandatario saliente, Pedro Pablo Kuczynski, quien renunció con tres años y cuatro meses de anticipación cuando era inminente que el Congreso lo destituyera por “incapacidad moral”.

Vizcarra, un flaco de aspecto bonachón y 1,90 metros de estatura, que en el trato personal se caracteriza por su sencillez y amabilidad, nació en Lima por accidente, pero su vida ha transcurrido sobre todo en Moquegua, el departamento de su familia, en la costa sur del Perú.

Hijo de un ex dirigente del Partido Aprista Peruano (PAP) que llegó a ser miembro de la Asamblea Constituyente en 1978 y de una profesora de colegio, Vizcarra se dedicó durante años al ejercicio de su profesión, hasta que en 2006 aceptó ser el candidato del colectivo de su padre, como invitado. Terminó segundo.

Al parecer, el bicho de la política lo picó, porque en 2010 lo intentó de nuevo, esta vez por un movimiento regional independiente, y ganó. Fue una administración muy exitosa, según admiten amigos y adversarios, aunque no le dio trascendencia nacional porque Moquegua es uno de los departamentos más pequeños e inadvertidos del Perú.

Se descontaba que en 2014 Vizcarra intentaría la reelección y que la ganaría sin problemas, pero sorprendió al no intentarlo y regresar al anonimato del sector privado.

Un retiro del que lo sacó Kuczynski, quien en 2016, al buscar un rostro nuevo y con antecedentes limpios y positivos, le ofreció la primera vicepresidencia, pese a que no pertenece al partido Peruanos Por el Cambio y a que, según analistas, está ideológicamente más al centro que el derechista mandatario renunciante.

Kuczynski le confió un cargo relativamente menor: el Ministerio de Transporte. Y no le fue bien. Su intención de ayudar con fondos públicos a un consorcio argentino-peruano incapaz de cumplir el compromiso de construir un nuevo aeropuerto en la ciudad de Cusco ocasionó que la hostil oposición lo pusiera en la mira.

Vizcarra tuvo que renunciar en mayo cuando era evidente que el partido derechista radical Fuerza Popular, que tenía entonces mayoría absoluta en el Congreso, iba a censurarlo (destituirlo). Después de unos meses “desaparecido”, en octubre asumió la embajada en Ottawa.

Casado con una profesora de colegio, padre de cuatro hijos y abuelo de un niño, Vizcarra luce desde hoy la banda que lo identifica como presidente de la República. Algo que tiempo atrás no estaba en los cálculos de nadie.

Con poca experiencia en las grandes ligas de la política, sin partido y con una sonrisa que contrasta con las miradas fieras que predominan en la política peruana, el nuevo mandatario no era hoy el hombre más envidiado del país. El ex desconocido tendrá ocasión de marcar historia.

Por Gonzalo Ruiz Tovar (dpa)