Científicos del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (CSIC-UAM) y del Hospital Universitario de Móstoles (Madrid) han estudiado el oncogén BRAF como factor pronóstico en cáncer de tiroides. Los resultados demuestran que la edad del paciente es un factor de mal pronóstico exclusivamente en aquellos con la mutación BRAF, pero no en los que son negativos para dicha mutación. El trabajo, en el que han colaborado 11 centros de investigación de seis países diferentes, se publica en el Journal of Clinical Oncology.

La incidencia de cáncer de tiroides se ha incrementado en las últimas tres décadas en más de cinco veces. A pesar de ello, la mortalidad de este cáncer es en general muy baja, sobre todo en personas jóvenes o de edad media. En cambio, en las mayores de 45 años se pensaba que el riesgo de mortalidad era progresivamente mayor, por lo que recibían tratamientos más agresivos. Aunque el corte de edad en 45 años ha permanecido inalterado durante muchos años en todas las guías de práctica clínica, la evidencia era escasa y algunos autores habían puesto en duda dicho corte.

El nuevo estudio, en el que ha participado 2.638 pacientes, ha demostrado que el principal determinante de la mortalidad en personas de mayor edad es la presencia de la mutación V600E del oncogén BRAF. Además, el estudio ha constatado que el riesgo comienza a ser significativo a partir de los 60 años y no a los 45, como se decía anteriormente.

El oncogén BRAF es uno de los eventos genéticos más frecuente en el cáncer humano en general. En el carcinoma papilar de tiroides aparece en el 45% de los pacientes. Su valor como marcador pronóstico había sido muy debatido, siendo la mayoría de los estudios unicéntricos y con un número limitado de personas.

“En 2013 se inició una colaboración internacional de múltiples centros hospitalarios creando un grupo internacional para el estudio de BRAF, dando lugar a cinco publicaciones en revistas muy prestigiosas. En ellos se estudió el impacto de BRAF y otras variables en el pronóstico de estos pacientes”, describen los autores.

El nuevo estudio indica que el riesgo es significativo a partir de los 60 años y que el principal determinante es la mutación V600E del oncogén BRAF

Guías de práctica clínica

“El colofón de dicha colaboración –agregan– es este trabajo que puede modificar las guías de práctica clínica en el cáncer de tiroides. En él demostramos que la edad se asocia a mayor mortalidad solamente en aquellos pacientes con la mutación BRAF. Además, la edad a partir de la cual se incrementa el riesgo es 60 años. Este estudio tiene mucha relevancia clínica porque pone en tela de juicio la edad de 45 años como factor universal de mal pronóstico”.

Para los autores, las guías de práctica clínica y los sistemas de estratificación del riesgo actuales deben de introducir cambios para incorporar estas novedades: “Por un lado, la edad sólo incrementa el riesgo de mortalidad en aquellos tumores con BRAF mutado, y por otro, la edad a partir de la cual se incrementa dicho riesgo es 60 años y no 45. Ello permitiría aplicar un tratamiento más personalizado según el riesgo real de cada paciente minimizando los efectos secundarios”.

El trabajo ha estado liderado por Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore (EE UU).

SINC