Bogotá, 22 feb (dpa) – El reclutamiento forzado de niños y jóvenes por parte de grupos armados ilegales ha cambiado la vida de más de 16.800 pequeños en Colombia entre 1960 y 2016, un flagelo que sigue latente a pesar de los esfuerzos del Gobierno por negociar la paz con grupos guerrilleros.

Expertos señalan que el reclutamiento se produce en Colombia tanto por parte de la guerrilla del ELN (Ejército de Liberación Nacional) como por los miembros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que no se sumaron al acuerdo de paz firmado con el Gobierno y por bandas criminales cercanas al narcotráfico.

No es un flagelo único de Colombia: Un informe de la organización Child Soldiers International señaló el miércoles que niños y adolescentes fueron utilizados como soldados en 18 países en los últimos dos años. Más de un 20 por ciento de los 197 países miembros de la ONU reclutan a menores de 18 años, 17 de ellos incluso desde los 16, algo que va en contra de la Convención sobre los Derechos del Niño. Además de Colombia, los casos más graves se dan en Mali, Libia y Pakistán.

El Centro Nacional de Memoria Histórica colombiano señaló en un informe publicado este mes que entre 1960 y 2016 fueron reclutados 16.879 niños, y aunque en los últimos años se ha presentado una disminución significativa -producto del pacto de paz que firmó el Gobierno y la entonces guerrilla de las FARC en noviembre de 2016-, la alerta sigue activa por el intento del ELN de engrosar sus filas.

De acuerdo con el documento, el ELN ha demostrado su “capacidad de renovarse, suplir las bajas y deserciones. El reclutamiento de niños, niñas y adolescentes persiste”.

La organización estatal aclaró que dichas estadísticas se basan en denuncias reportadas y víctimas de este flagelo que luego son desvinculadas de las organizaciones delictivas y reciben atención estatal, es decir que la cifra es únicamente una estimación.

El informe indicó que históricamente el principal grupo responsable de reclutamiento de menores fue las FARC (54 por ciento), seguido de grupos paramilitares paramilitares (27 por ciento) y ahora el principal foco es la guerrilla del ELN y bandas de narcotraficantes.

“Hemos encontrado que se ha agudizado el reclutamiento especialmente en las zonas que fueron dejadas por las FARC y que han empezado a ser ocupadas por el ELN, los grupos posdesmovilización y las disidencias”, dijo Fernando Cobo, experto de la Comisión para la Prevención del Reclutamiento de Menores.

De acuerdo con el defensor del Pueblo, Carlos Negret, actualmente “el ELN sigue haciendo confinamiento, reclutamiento, y así no podrá haber paz”.

Para la directora de incidencia política de Save the Children -ONG con presencia en 119 países-, Luz Alcira Granada, el caso específico colombiano de reclutamiento se vive en mayor intensidad en el Pacífico y el sur del país. Agregó también departamentos como Meta, Vaupés, Guaviare y Vichada, estos últimos con gran presencia de comunidades indígenas.

Negret también denunció que los disidentes de las FARC están reclutando niños en escuelas ubicadas en la Amazonía colombiana, a las que principalmente acuden aborígenes.

Si bien el acuerdo de paz alivianó el conflicto en el territorio colombiano, especialmente en las zonas rurales, la gubernamental Alta Consejería para los Derechos Humanos lanzó una alerta sobre nuevas modalidades para atraer a los menores a la delincuencia.

“Ya no hay tanto reclutamiento como el de antes que consistía en sacar al menor de su contexto y hacerle un entrenamiento militar en el monte. Ahora se trata de la utilización de menores de edad para determinadas actuaciones. El problema es que esas maneras son más sofisticadas y más difíciles de detectar”, señaló la alta consejera Paula Gaviria.

Esta mutación en la práctica de las bandas criminales y guerrilleros para reclutar menores tiene al Gobierno en jaque, pues los diálogos de paz con el ELN -la última guerrilla que opera en el país- continúan suspendidos, lo que agrava la realidad de las familias en aquellas zonas donde esta organización cuenta con fuerte presencia.

“Comienzan ofreciendo cantidades significativas de dinero a estos jóvenes tratando de incorporarlos en sus filas (…) se presenta especialmente por parte de otros grupos urbanos que tratan de vincularlos en el microtráfico (de droga) y otras modalidades delictivas”, explicó el representante de la Unicef en Colombia, Roberto de Bernardi.

Dentro de las principales causas para que un niño sea presa fácil de los delincuentes están la ubicación geográfica, en especial si habita en zonas de conflicto en donde hay poca o nula presencia del Estado, la vulnerabilidad socioeconómica de su núcleo familiar y las pocas oportunidades de estudio y sana recreación.

El Estado ha implementado algunos programas para generar entornos protectores para los menores, incentivando su buen manejo del tiempo libre en actividades deportivas y culturales, adoptando la jornada única en los colegios, así como módulos educacionales sobre protección con jóvenes y sus familias.

Por Giuseppe Palacino (dpa)