Mo Gawdat: “Las redes sociales son una gran causa de infelicidad”

Madrid, 14 feb (dpa) – Mo Gawdat se presenta ante el mundo como el ejemplo perfecto de que el dinero y el éxito no hacen la felicidad: con una familia perfecta, un buen trabajo en Google, ganancias en la Bolsa y una vida sin duda redonda, se sentía miserable y siempre de mal humor. Hasta que decidió que quería ser feliz, para lo cual debía empezar por descubrir qué era la felicidad.

Durante años trabajó en lo que ahora llega en español como “El algoritmo de la felicidad” (Zenith), un libro en el que cuenta su historia, sus reflexiones, y cómo la muerte inesperada de su hijo Ali, de sólo 21 años, durante una operación de rutina, puso a prueba todo lo que había conseguido en su camino.

A la vez, lo impulsó a escribir y a trabajar para que su mensaje llegue a la mayor cantidad posible de personas en el mundo. Con ese fin acaba de dejar la semana pasada su puesto como jefe de negocios de Google X, el laboratorio dedicado a los proyectos más innovadores dentro del gigante de Internet, para viajar por el mundo y promocionar su mensaje, en el que fundamenta con argumentos científicos por qué el ser humano puede -y debe- ser feliz, argumenta en charla con un grupo de periodistas este ingeniero de 50 años nacido en Egipto.

¿La cultura influye en la felicidad?

La cultura afecta mucho. Algunos de los países más infelices del mundo son los más avanzados en los que la vida es muy, muy sencilla. Una de cada cuatro personas en el mundo desarrollado sufrirá depresión. La infelicidad es algo muy real en los países en los que la vida pareciera ser muy sencilla. Por otro lado, si vas a la India, a Latinoamérica, a África, donde las cosas son mucho más difíciles, la gente en promedio es mucho más feliz. No es porque la vida sea mejor para ellos, sino que se debe a lo que describo en el algoritmo de la felicidad: la felicidad no depende de lo que la vida te da, sino de lo que tú pienses que la vida te da.

¿Cambia la definición de felicidad de un país a otro?

Esta definición es en mi opinión una de las principales contribuciones que hago en este libro. Cuando yo luchaba con mi propia infelicidad me preguntaba qué era lo que estaba buscando. Existe un gran mito en el mundo desarrollado sobre lo que es la felicidad, pienso que a causa de Estados Unidos. Tendemos a convertir todo en un producto que puedas comprar. Y se mezcla la felicidad con el entretenimiento, con la diversión. Y la gente cree que cuando se divierta será feliz, al irse de vacaciones o ir a una fiesta.

¿Y no lo es?

En mi definición, la felicidad es igual o mayor a tu percepción de los acontecimientos de tu vida, menos las expectativas de cómo debería ser la vida. La felicidad es ese sentimiento de paz, esa tranquilidad, que tienes dentro cuando crees que los acontecimientos de tu vida son como las expectativas de lo que debería ser tu vida. Es decir que no depende de los acontecimientos en sí, sino de la comparación entre estos y un marco de expectativas. En este caso la definición es siempre la misma para todos. Pero en Occidente tendemos a olvidar esto y buscamos algo que llamo el estado de evasión, que es confundir la felicidad con la diversión de modo de que vas buscado esa diversión pero cuando se acaba, vuelves a estar infeliz y tienes que comenzar de nuevo.

Usted habla de una serie de “ilusiones” que se deben dejar atrás…

Sí, se trata de conceptos que pensamos que son verdad pero que no lo son. Por ejemplo, en el mundo moderno pensamos que somos nuestros pensamientos. Descartes decía: “Pienso, luego existo”. Pero la verdad es que es al revés: “existo, y por tanto mi mente piensa”. El pensamiento es una herramienta como todas las demás en nuestros cuerpo. Cuando mi mente me hace pensar que Ali ha muerto, yo elijo pensar “Ali está vivo”, y recuerdo los 21 maravillosos años que estuve con él, y eso me hace feliz. Si pienso en su muerte recuerdo las cuatro horas que estuvo en cuidados intensivos y me sentiré mal.

¿Cómo deber ser una sociedad para hacer más felices a los seres humanos?

El Gobierno y otros fuera deben trabajar para mejorar la calidad de tu vida de modo de que sea más fácil para ti ser feliz, pero ellos no son responsables. Recuerda que el algoritmo depende de tu percepción, nadie podrá hacerte feliz. La felicidad es una decisión personal, hay que elegir la felicidad, si no lo haces, nada podrá hacerte feliz. Yo utilizo una analogía con el ejercicio físico. Si el ejercicio no es tu prioridad y lo son los churros, nunca estarás en forma. Lo mismo pasa si haces otra cosa que no sea priorizar tu felicidad.

¿Por qué cuesta tanto alcanzarla?

Probablemente la mayor parte de nosotros en el mundo moderno sufrimos porque hacemos del éxito nuestra prioridad. Pensamos que si tenemos éxito seremos felices, así que corremos todo el tiempo para ganar más dinero y ser ascendidos, que los demás nos vean como exitosos, y eso nos hace desgraciados.

¿La tecnología ayuda o es un obstáculo?

La tecnología es una herramienta, como un lápiz, depende de cómo la uses. Pienso que las redes sociales son una gran causa de la infelicidad actual. Todo el mundo cuelga fotos en las que se ve fantástico, lo que hace a los demás sentirse feos. La gente comparte todo el tiempo experiencias que hacen que los demás sientan que no tienen una buena vida. Pero las redes sociales también me permiten estar en contacto con mi hija, que vive en Canadá, mientras yo viajo por el mundo.

¿Podrá en el futuro la tecnología ayudarnos como una especie de couch o psicólogo digital?

Estoy trabajando en algo así. Es posible que la tecnología te ayude. Pero como siempre, depende de ti. Por otra parte, hay una posibilidad de que la tecnología nos haga muy infelices. La tecnología y la inteligencia artificial, la robótica, etc. están conformada en base a nuestros valores. Tenemos que empezar a cambiar nuestro sistema de valores como humanos: Imaginen un mundo en el que las máquinas son responsables de resolver todos los problemas, en el que son más inteligentes que nosotros, y pregúntense qué decisiones tomarán si están guiadas por el mismo sistema de valores por el que están impulsadas ahora. Hoy en día nos mueven la codicia, la competencia, la violencia, la impaciencia. Si nuestras máquinas se comportan igual que nosotros, no será un mundo agradable.

¿Por qué decidió abandonar su trabajo en Google y dedicarse a promover esta visión del mundo?

Porque nunca he sentido en mi vida que la felicidad es tan necesaria como ahora. El triunfo de este sistema de valores determinará el éxito de la humanidad en 20 años. A menos que nosotros, cada uno de nosotros, tengamos claro que la prioridad número uno es ser felices y hacer felices a los demás, nuestras máquinas no lo harán. Las máquinas aprenden de manera similar a los niños: los niños no aprenden lo que los padres les dicen, sino lo que los padres hacen. La mejor forma de criar bien a un hijo es ser uno una buena persona.

Por Romina López La Rosa (dpa)

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