#MeToo y críticas a Trump: Kim Novak cumple 85

Los Angeles, 11 feb (dpa) – Sexy, rubia y fría: así puede resumirse la receta del éxito de Kim Novak, la “Sharon Stone de los años 50”. Hollywood encumbró a la joven modelo de fotografía hasta convertirla en un mito sexual y el director Alfred Hitchcock acabó haciéndola inolvidable en “Vertigo” (1958).

Pero la glamurosa carrera de Novak también tuvo su lado oscuro: poco antes de cumplir 85 años el próximo martes, la actriz se ha sumado a las víctimas del “MeToo” y al creciente número de mujeres que sufrió sexismo y abusos.

Novak escribió en diciembre en su Facebook que el debate internacional desencadenado por las acusaciones de acoso y abuso sexual la sacudió, porque nunca había aceptado de verdad “todos los sentimientos oscuros” experimentados en sus años de éxito. Ese dolor lo exterioriza ahora con una pintura que dice salirle del alma: “Tiempo del ajuste de cuentas”, así ha bautizado la obra que muestra a una mujer junto al perfil de un hombre de aspecto amenazador.

Novak se apartó pronto del mundo del cine. “Me querían cambiar totalmente”, dijo sobre sus años en Hollywood. Pero ella, como otras estrellas, no quería caer en una crisis y tener un fin trágico, escribió en su web.

En protesta contra lo mucho que la acaparaban los estudios de Hollywood, huyó primero a la región en torno al Big Sur en California, una zona apartada, para después marcharse más al norte, al vecino estado de Oregon.

Con su segundo marido, un veterinario, vivió en un rancho en los años 80. La pintura, los animales y la naturaleza eran sus hobbies. En Facebook colgaba sus pinturas, así como fotografías de paseos a caballo con su marido.

Marilyn Pauline Novak vino al mundo en Chicago en 1933, como hija de padres checos. Pronto trabajó en Hollywood como modelo de fotos y cuando tenía 20 años obtuvo su primer papel en “The French Line” junto a Jane Russell.

Harry Cohn, el poderoso jefe de los estudios Columbia, la descubrió y convirtió con éxito en una nueva estrella. Quería ponerle el nombre artístico de Kit Marlowe, pero ella sólo accedió a cambiarse el nombre por Kim, insistiendo en mantener su apellido. En seguida se hizo conocida con hits como “The Man with the Golden Arm” o “Picnic”.

En el festival de Cannes de 1956, Novak fue celebrada como una actriz revelación: tenía 24 años cuando protagonizó “Vertigo” de Hichcock, junto a James Stewart, poniendo la piel de gallina a millones de espectadores.

Con Billy Wilder rodó la comedia “Kiss Me, Stupid” y en 1978 rodó en Berlín “Just a Gigolo”. En 1997 acudió a la Berlinale, donde recibió el Oso de Oro por su carrera.

Pocas veces dejó verse en Hollywood, como en 2012, cuando ante la plaza situada delante del histórico Chinese Theatre dejó la huella de la mano en el cemento fresco junto a Charlie Chaplin, Frank Sinatra, Clark Gable y Marilyn Monroe.

No quiso aceptar en un primer momento la invitación a la gala de los Oscar dos años después, pero al final accedió a subir al escenario para recibir el trofeo. Tenía 81 años. Su aparición, con un rostro con aspecto casi de máscara, desató un alud de bromas en las redes sociales. “Kim debería denunciar a su cirujano plástico”, escribió el futuro presidente estadounidense Donald Trump en un tuit en la noche de los Oscar de 2014.

Semanas después, Novak tomó la palabra. “Sé lo que han dicho Donald Trump y otros”, escribió en una entrada en Facebook titulada “Oscar Bullying” (acoso en los Oscar). Y reconoció que se había puesto inyecciones en la cara para tener mejor aspecto y que los comentarios la habían afectado profundamente. Décadas antes se plegó a la presión de Hollywood y dejó el negocio del cine en lugar de denunciar a los acosadores, pero ahora, dijo, no callaría más.

Poco más de un año después, después de anunciar su candidatura a la Casa Blanca en 2015, Trump rectificó y dijo al “New York Times” arrepentirse del tuit sobre Novak. El comentario lo hizo de broma, pero estas cosas pueden ser hirientes, añadió.

Ella aceptó las disculpas en el programa “Inside Edition”, pero siguió su ataque. “Qué pena que los acosadores no piensen antes de romperse la boca”. ¿Votaría a Trump?, le preguntó el moderador. “¿Me tomas el pelo? ¡Dios mío, no!”, respondió ella.

Por Barbara Munker (dpa)

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