(dpa) – La peor hora de la oposición venezolana en tres años le pareció al presidente Nicolás Maduro la más oportuna para emprender su carrera por una reelección, en medio de una crisis económica que se acrecienta con los días.

La Asamblea Constituyente, que está dominada por el chavismo, aprobó el martes la realización de las elecciones presidenciales antes del 30 de abril, lo que sorprendió desarmada a la oposición, cuyo liderazgo está dividido y sin un candidato de consenso para oponerlo al plan reeleccionista.

Los comicios tienen que ser convocados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) dentro del primer cuatrimestre del año, según acordó la Constituyente con poderes plenipotenciarios.

«Atrévanse, vamos a elecciones», dijo Maduro a la oposición en una concentración de seguidores el martes. «Si fuera por mí, las haría este domingo para salir de eso ya mismo», agregó.

La carrera por unas presidenciales «relámpago» amenaza con llevarse por delante las normas que garanticen unas condiciones mínimas electorales y el diálogo que sostenían el Gobierno y la oposición en República Dominicana para buscar salidas a la crisis, avalado por un grupo de países facilitadores.

Precisamente la delegación opositora exigía en esas conversaciones condiciones para garantizar elecciones justas y transparentes.

Por lo pronto, el ministro mexicano de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, anunció que su país ya no participará en el proceso de diálogo, después de que la Constituyente decidiera adelantar las presidenciales.

«Nos retiramos del actual proceso de negociación, pero que no quepa duda: México seguirá haciendo todos los esfuerzos diplomáticos posibles para contribuir a que en Venezuela se restaure la democracia por la vía pacífica y conforme lo decidan los propios venezolanos», escribió en su cuenta de Twitter.

El CNE siempre organizó las elecciones en un lapso de seis meses, con garantías mínimas, excepto las de abril de 2013, que se hicieron en 45 días tras la muerte del mandatario Hugo Chávez y que Maduro ganó por estrecho margen al opositor Henrique Capriles.

Las próximas elecciones se realizarán después de los escandalosos comicios de gobernadores y alcaldes del año pasado, que el oficialismo ganó ante una oposición dividida, a la que los electores le dieron la espalda por haber aceptado las reglas de una Constituyente a la que había llamado «fraudulenta» y que fue desconocida por varios países.

El oficialismo aprovechó la división de la oposición para arrasar en 19 gobernaciones regionales y 305 de las 335 alcaldías.

Según analistas, Maduro apuró las elecciones para aprovechar el mal momento de la oposición, a la que el adelanto electoral agarró discutiendo una posible fecha para las primarias para escoger a su candidato unitario.

Las jugadas de Maduro, amparándose en polémicas decisiones del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y la Constituyente, hicieron que el más sonoro triunfo de la oposición en casi 20 años de Gobierno boliviariano, las legislativas de diciembre de 2015, que le dieron la mayoría en la Asamblea Nacional (Congreso), se apagara paulatinamente.

Sin embargo, la crisis económica ha colocado el rechazo de Maduro en más del 70 por ciento de los electores, según los sondeos.

El diputado opositor Stalin González dijo el martes en un debate de la Asamblea Nacional que el 90 por ciento de los venezolanos sabe que el país está en pésimas condiciones por la hiperinflación y una recesión de cuatro años.

«La gestión de Maduro es rechazada en 80 por ciento. No hay forma de que los responsables de esta crisis ganen unas elecciones libres y justas», aseveró.

El analista y experto en opinión pública Luis Vicente León dijo que con las mismas condiciones electorales, las mismas fracturas opositoras, la misma convocatoria a abstención sin opción alternativa y la misma necesidad oficial de sostenerse en el poder como sea frente a costos infinitos, el resultado podría ser el mismo que en las elecciones regionales de octubre.

«Si no es posible parar la decisión oficial con un último intento de negociación, la elección va a ocurrir. La oposición va a participar fracturada entre quienes presentarán candidato (unitario o no) y quienes llamarán activamente a la abstención. Una posición muy desventajosa», señaló el directivo de la firma Datanálisis.

El diputado socialdemócrata Henry Ramos Allup fue mencionado por Maduro como uno de sus posibles rivales. Ramos ha sido defensor de unas primarias para escoger al abanderado opositor.

Ramos criticó el adelanto electoral por parte de la Constituyente, pues considera que tuvo que ser el CNE el encargado de hacer la convocatoria.

«Lo que debería ser un anuncio democrático, aquí se anuncia como represalia», dijo al afirmar que la Constituyente aprobó el adelanto en represalia a las sanciones de la Unión Europea contra siete altos funcionarios del Gobierno.

El panorama preelectoral opositor se completa con Capriles, quien está inhabilitado; el popular dirigente Leopoldo López, que cumple una condena en arresto domiciliario y el dirigente Antonio Ledezma escapado de una acusación por conspiración.

Por Néstor Rojas Mavares