Buenos Aires, 24 mar (dpa) – María Reyes Lobos tuvo que esperar 30 años para saber cómo había muerto su hermano José Antonio en la guerra de las Malvinas. Y casi 36 años para poder despedir sus restos, gracias al proceso de identificación de los soldados argentinos caídos en el archipiélago austral llevado a cabo por la Cruz Roja.

Reyes Lobos viajará el lunes al archipiélago del Atlántico Sur junto a otras 89 familias para dar el último adiós a su hermano, uno de los 90 caídos que fueron sepultados como NN bajo la leyenda «soldado argentino sólo conocido por Dios» en el cementerio de Darwin y fueron identificados. «Quiero llorarlo, llorarlo y llorarlo. Que esta angustia y esta pena se me vayan. Se tiene que cerrar esta historia para poder curarse uno como persona», relata a dpa.

La última vez que vio a «Pupo», como llamaban a José Antonio, ella tenía 15 años y él, 19. Era conscripto y le faltaban pocos meses para terminar el servicio militar obligatorio. Pero sin previo aviso, aquel 1982 «Pupo» fue enviado por la entonces gobernante dictadura militar a combatir con el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas.

«Nosotros recién nos enteramos que estaba en Malvinas por una carta que nos mandó él desde allá. Hasta ese momento nos decían que estaba acuartelado pero ya lo habían mandado», recuerda Reyes Lobos.

dpa: ¿Cuándo se enteraron que José Antonio había muerto en la guerra?

Reyes Lobos: Nos enteramos cuando mi mamá lo fue a buscar al Regimiento de La Tablada después de que regresaron los soldados de las islas. Supuestamente él estaba vivo, no habíamos recibido noticias de que hubiera fallecido e incluso habíamos recibido una carta fechada el 13 de junio. Él cayó el día 14 (día de la rendición argentina), entonces nosotros estábamos creídos de que estaba con vida, nadie nos había notificado de que había caído en combate. Entonces mi mamá lo fue a buscar y cuando empezó a ver que todos se iban y no quedaba nadie, preguntó a un soldado y se acercó el capitán. La agarró del hombro y le dijo: “Madre, tiene que sentirse orgullosa porque murió como un valiente”. Y ahí se enteró que su hijo había muerto.

dpa: ¿Pudieron reconstruir cómo falleció?

Reyes Lobos: No. Como estábamos en un proceso militar, muchas de las cosas que pasaron se escondieron. Nosotros nos enteramos cómo murió 30 años después. A los que regresaron les hicieron firmar un documento de confidencialidad y los llamaron a silencio. Nos enteramos un 2 de abril en un acto en (la localidad bonaerense de) Morón cuando conocimos al muchacho que había estado al lado de él cuando falleció. Así de casualidad. Nos pedía perdón por no haber hablado antes pero decía que no estaban en condiciones.

dpa: ¿Cómo fue vivir tantos años sin saber qué había pasado?

Reyes Lobos: Hubo mucho silencio, se ocultó mucho. A nosotros sólo nos decían “murió como un valiente, fue un héroe de guerra». Y de ahí no se movían. Los soldados que volvieron estaban emocionalmente quebrados, pero cuando se empezó a hablar supimos lo que había pasado, que los soldados habían pasado hambre, que los habían estacado (clavaron sus brazos y piernas al suelo de madera con temperaturas bajo cero).

dpa: ¿Viajaron ya a Malvinas a buscar sus restos?

Reyes Lobos: Viajamos en 1991 en un vuelo organizado por el entonces presidente Carlos Menem (1989-1999) y la Cruz Roja. Y cuando llegamos a Malvinas a llorar a un hijo o a un hermano, nos encontramos con la placa «Soldado sólo conocido por Dios». Yo daba vueltas por el cementerio, tres o cuatro vueltas, me ponía los anteojos para ver bien y leía cada nombre y no lo veía. Fui de vuelta, y nada. Y cuando pregunté por mi hermano me dijeron que estaba como NN. Él tiene ahora al fin su lugar, el lugar que merece tener. Él se fue con un nombre y apellido y su identidad se la debían, nos la debían.

dpa: Este viaje será distinto.

Reyes Lobos: No sé qué va a pasar, voy a encontrarme con mi hermano y con la realidad. Es cerrar ese duelo que venimos postergando hace casi treinta y seis años.

dpa: ¿Aceptaron rápidamente hacerse los estudios de ADN con la Cruz Roja?

Reyes Lobos: Sí, cuando nos vinieron a proponer el proyecto dijimos que sí inmediatamente. Pero también hubo mucha resistencia porque había una comisión de familiares que no quería que este trabajo se hiciera porque iba a ser “un festival de huesos”. Pero mi hermano merece el derecho de tener un entierro digno. Cuando nos llamaron que venían a tomarnos la muestra de sangre ese día fue una alegría, fue un festejo. Era como un logro, como cuando nos vinieron a dar la noticia con el resumen de la identificación.

dpa: ¿Y cómo vivió ese momento?

Reyes Lobos: Cuando nos entregaron el informe fue una fiesta. Aplaudíamos, lloramos, una mezcla de todo. El informe de identificación vino con fotos del lugar, de cómo exhumaron el cuerpo, cómo encontraron sus restos, cómo estaba. Al principio no me animé a mirar todo, pero después sí porque yo quería saber en qué estado murió mi hermano. Y cuando leí que su cuerpo estaba en estado de conservación, que sólo presentaba heridas de guerra para mí fue un alivio muy grande. No eran pedacitos de mi hermano, estaba entero. Esa era una de las dudas, cómo murió, qué le había pasado. Las fotos me confirmaron lo que su compañero dijo. A lo mejor suena cruel pero necesitábamos saberlo.

dpa: ¿Viajar a darle el adiós va a ser muy emotivo, no?

Reyes Lobos: Va a ser un día bastante fuerte. Vamos dos personas por familia, y hay mamás que van por primera vez a las Malvinas. Tuvimos que elegir quién de la familia iba a enterrar a su hijo o su hermano. Lo que nos falta es seguir peleando por los 32 soldados que resta identificar.

dpa: ¿Van a llevar algo para colocar en sus placas en el cementerio?

Reyes Lobos: Vamos a llevar unos rosarios y unas flores de tela, que nos van a dar, pero no nos dejan llevar otra cosa para dejar en la tumba. Ni siquiera una plaquita chiquita con una frase. Pero a esta altura del partido lo que me interesa es estar ahí, ver a mi hermano, abrazarlo de alguna manera y llorarlo, llorarlo, llorarlo. Y que esta angustia y esta pena que siento se me vayan. Se tiene que cerrar esta historia para poder curarse uno como persona. Y que descanse en paz.

Por Cecilia Caminos (dpa)