Buenos Aires, 27 feb (dpa) – El escritor puertorriqueño Eduardo Lalo no se anda con vueltas a la hora de hablar sobre la situación que atraviesa su país: “Puerto Rico está en la absoluta catástrofe. A casi seis meses del paso de los huracanes más del 30 por ciento de la población no tiene electricidad”.

Tras la devastación causada en septiembre pasado por “Irma” y especialmente por “María” se produjo un éxodo masivo de habitantes de la isla caribeña. Y no existen datos oficiales precisos sobre la abultada cifra de muertos, que según medios locales y estadounidenses podría llegar a los mil.

“No solo directamente por la catástrofe, sino porque al no haber energía eléctrica, al no haber agua, la gente está usando agua de los ríos y hubo un montón de muertos de leptospirosis”, apunta en entrevista con dpa en Buenos Aires.

El ganador del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 2013 con “Simone” (Corregidor) dice por otra parte que “muchos libros le parecen excesivos”. Esta inclinación a la desmesura, que aborda en su ensayo “Intemperie”, tiene que ver con el mercado y “con concepciones no tan rigurosas de la escritura”.

Antes que como escritor, se define como un lector intenso. “Creo que si a muchos textos tú les quitas 100 páginas estarían mucho mejores”, sostiene.

Lalo plantea el concepto de escribir “a la intemperie”. “Es una escritura que no espera nada, que no se ilusiona, que está en contra de la ilusión y que trata de habitar un espacio en donde uno se engañe lo menos posible. Si uno está a la intemperie, quizá lo que más afecta al principio es la mirada del otro”, explica. Se trata, en definitiva, de “vivir haciendo con libertad lo que uno desea, aún en situaciones que no son las mejores”.

El escritor, jurado del Premio Literario de la Fundación El Libro que se entregará durante la próxima 44 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se manifiesta poco afecto a las convenciones de los géneros en sus textos, que obran en diferentes registros.

“Para mí la escritura es un género en sí misma”, afirma desde un tradicional café porteño sobre la calle Corrientes el autor de obras como “La isla silente”, “Los pies de San Juan” o “Necrópolis”.

Asimismo artista plástico, fotógrafo y director de mediometrajes (La Habana, 1960), sus libros reúnen su pasión por la palabra y por la imagen. “Uno amplía las concepciones de escritura y de dibujo al tener esa doble dimensión”, analiza. Y adelanta que pronto publicará una nueva novela, “Historia de Yuké”, que vendría ilustrada por la puertorriqueña Consuelo Gotay.

Mientras, Lalo muestra su consternación porque el índice de suicidios en la isla se ha multiplicado varias veces, en medio de “la absoluta bancarrota del país y el abandono total por parte de Estados Unidos y a la misma vez su bloqueo. Si se habla del bloqueo cubano, Puerto Rico sufre otro bloqueo. No podemos tener relaciones comerciales, culturales. México ofreció brigadas para ayudar, Cuba, República Dominicana, Venezuela. No las dejaron entrar”.

Puerto Rico -oficialmente “estado libre asociado” a Estados Unidos- y Cuba fueron las “vitrinas de las superpotencias” durante la Guerra Fría, dice. Y cuando ésta terminó, “ambas se vuelven ruinas”. Las ciudades menores de Puerto Rico y la capital sufren la degradación urbanística. “Cuadras enteras vacías en las avenidas principales de San Juan, que eran totalmente comerciales”, lamenta.

Contrario a otras épocas, indica el autor del ensayo “Los países invisibles” (Premio Ciudad Valencia Juan Gil-Albert 2006), “todo el mundo hoy sabe que Puerto Rico es una colonia. Eso antes era indecible, porque perdías el trabajo, tenías un expediente”.

Lalo cree que “es muy aleccionador el caso puertorriqueño”: “El mundo se va pareciendo a esa aberración que ha sido Puerto Rico por desgraciadamente tanto tiempo. El mundo de la globalización está construyendo ‘puertorriquizaciones’ en países que antes se consideraban soberanos, fuertes”.

Y destaca que Puerto Rico, “en condiciones que ningún país latinoamericano ha vivido ni de lejos, ha mantenido una cultura latinoamericana, ha mantenido una lengua. Tiene grandes tradiciones con todas sus limitaciones y con su enorme dificultad para autorrepresentarse. Porque eso es lo que es la colonia: te impide la autorrepresentación”.

Durante el último Congreso Internacional de la Lengua Española en San Juan en 2016, Lalo arremetió contra los discursos del director del Instituto Cervantes Víctor García de la Concha y del rey Felipe VI en la inauguración. De la Concha afirmó que se trataba del primer congreso fuera de Hispanoamérica, mientras que el monarca español dijo alegrarse de regresar “a Estados Unidos”.

En una columna en el diario puertorriqueño “El Nuevo Día” que alcanzó gran resonancia, Lalo replicó que “Puerto Rico no es parte de Estados Unidos, sino un territorio invadido por esa nación en la Guerra Hispanoamericana en 1898”, a la vez que recalcó el profundo carácter hispanohablante de la isla. Y cosechó aplausos al pronunciarse nuevamente al respecto antes de su ponencia.

“Al final el congreso, la declaración final, fue una reivindicación de mi posición, todo esto muy diplomático”, subraya. El director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española José Luis Vega “hizo una declaración muy valiente al final de la sesión de clausura, en donde básicamente se hacía eco de lo que yo había dicho”.

“Yo creo que fue una lección”, reflexiona sobre las reacciones que se suscitaron en la séptima edición de la máxima cita del español. Porque “nos quedamos muchas veces callados frente a estos señorones que no valen nada”, asevera.

Lalo considera también que el galardón Rómulo Gallegos le ofreció “una especie de foco por un tiempo”. “Algo que no es malo, sobre todo para un escritor que proviene de un sitio como yo vengo. Si América Latina es una región periférica, el Caribe lo es más”.

Por Gabriela Mayer (dpa)